Biología del envejecimiento

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Por Victoria Merino(Psicóloga)

Miembro de la “Central Informativa del Adulto Mayor”

No cabe duda que el envejecimiento es un proceso complejo que involucra factores de índole psicológico, social y biológico. Y en nuestro contexto, uno de los factores más abordados –quizás por presentar parte de los cambios más evidentes- es sin duda el aspecto biológico.

Pues bien, ¿Cuánto se conoce realmente de los cambios biológicos que se experimentan en dicho proceso?

Según Gonzalo (1990) (citado por Belando 2000), una de las características más resaltantes de la vejez biológica recae en una progresiva reducción en las capacidades de adaptación que tiene el individuo para enfrentarse a las demandas propias de los eventos que le exigen cierto grado de esfuerzo, como lo son – por ejemplo- las enfermedades que se puedan suscitar. Esta serie de cambios van a  afectar de manera distinta tanto a cada órgano como a cada sistema. Los sentidos –por su parte- van a sufrir una reducción en lo que a su capacidad funcional se refiere. El sistema nervioso central –por otro lado- enfrentará un deterioro, el cual se evidenciará, en la disminución de la memoria (especialmente en hechos recientes), de capacidad de formar nuevos reflejos condicionados, de resistencia para el trabajo intelectual, entre otras. A pesar de ello, se reconoce que en la etapa del envejecimiento, los adultos mayores gozan de mayor experiencia y conocimientos a comparación de los jóvenes.

De igual manera –cabe resaltar que- el envejecimiento no va a ser considerado como un estado, sino como un proceso diferencial de degradación, ya que cada individuo envejece de manera muy diversa. Así, en muchos casos, la edad cronológica no va funcionar como una variable determinante dentro de este proceso.

Así, este proceso que resulta ineludible y que presenta –con el paso del tiempo- un conjunto de cambios morfológicos y fisiológicos, afectarán de manera heterogénea a todos los tejidos, sistemas e individuos. En efecto, uno de los cambios característicos producto del envejecimiento se suscitan en la vasculatura, produciendo un engrosamiento de la pared arterial y disminuyendo el flujo plasmático renal. Además, también se observa, pérdidas en las capacidades sensoriales, como las auditivas y visuales, conllevando a un decremento general en el desenvolvimiento de las actividades intelectuales de las personas mayores. (Salech, F., Jara, R., & Michea, L., 2012; Muñoz, 2002).

Así, siendo importante el reconocimiento de los cambios intrínsecos del organismo del adulto mayor en su tránsito por este proceso, procederé a mencionar los más resaltantes. Por ejemplo: en el aparato cardiovascular, el corazón –en su calidad de músculo- se va a ver afectado progresivamente en su fuerza contráctil, generando una limitación en su capacidad para adaptarse y que podría expresarse en una insuficiencia cardía.  En el aparato respiratorio, se presenta una disminución en su capacidad vital y una reducción en la eficiencia respiratoria; los bronquios van a presentar mayor rigidez perdiendo así sus propiedades de defensa. Dentro del aparato digestivo, la boca presentará múltiples modificaciones, como la aparición de caries, pérdida progresiva de dientes y el deterioro de las encías; de igual manera, la apreciación de los sabores disminuirán a causa de la perdida de las papilas gustativas que se observa en la lengua. Todo esto traerá como consecuencia una digestión más lenta y dificultosa, con una menor absorción de los elementos nutrientes. Otro aparato que se verá afectado es el genitourinario, ya que el volumen del riñón se reducirá, lo cual generará un funcionamiento menos eficaz conllevando a una mayor incidencia de infecciones en el tracto urinario. En cuanto al aparato locomotor, la pérdida de masa muscular, ósea y elasticidad en las articulaciones a causa de la edad, conducirá a una pérdida progresiva en la fuerza muscular, limitando la facilidad de movimiento de la persona.  (Salech, Jara y Michea, 2011)

A este punto, el lector –desde una perspectiva psicológica- podría cuestionar la relevancia de los datos expuestos a lo largo del presente artículo, aduciendo que la información netamente biológica de cada cambio que se produce en los distintos aparatos no contribuyen de manera trascendente en la formación profesional del psicólogo. Ante ello, cabe resaltar, que Muñoz (2002) señala que la comprensión respecto a los cambios biológicos vinculados al envejecimiento y que afectan a las estructuras de los diferentes sistemas del ser humano, favorecerán y servirán de ayuda para lograr tener una mejor interpretación de las variaciones cognitivas y del comportamiento que se perciben en el envejecimiento.

Desde tiempos remotos, nuestros antecesores se han visto subyugados ante las interrogantes que abordan los principios u orígenes del envejecimiento: es decir, su etiología. Es así que, en su intento por encontrar una respuesta satisfactoria, han ido desarrollando múltiples teorías. Entre las más populares y acatadas por el ámbito académico, destacan la programación genética y la que concierne a la oxidación de los radicales libres. Sin embargo, ninguna de estas es definitoria; al contrario, podría decirse que son complementarias, ya que entre ellas se describen los diversos cambios que se suscitan al envejecer. Este proceso de envejecimiento conlleva ciertas modificaciones como en la función neurológica, en el aspecto externo y dentro de los diferentes aparatos o sistemas. No obstante, dichas modificaciones no tienen por qué ser razón de incapacidad para que el adulto mayor pueda llevar una vida normal (Belando, 2000)

De este modo, según Muñoz (2002), el envejecimiento viene a ser  un  proceso que se inicia con la concepción del ser y termina con la muerte. Como ya se mencionó en el párrafo anterior,  dicho proceso concierne una serie de cambios. Estos cambios van a ser influenciados por causas endógenas (internas del organismo), y causas exógenas (referidos a los comportamientos individuales y de su entorno). Así, dentro de las causas endógenas, se tiene como personaje principal al cromosoma, en donde se alberga el tan popular ADN, ahí es donde se almacena la materia prima de la memoria biológica de cualquier especie, en este caso, del ser humano. Sin embargo, almacenar la memoria biológica no parece ser la única función del ADN, aquí también se controla el número de veces y la velocidad en que se dividen las distintas células a lo largo de la vida y en cada uno de sus órganos. De esta manera, en el ADN se encontraría determinado la longevidad de los individuos.

Por otro lado, Muñoz, también señala que si bien es cierto la mortalidad de los individuos está inscrita en los genes dentro del ADN, no se debe dejar de lado a las causas exógenas responsables también del envejecimiento, ya que el proceso de envejecimiento y la edad de la muerte con variables controladas por factores exógenos relacionados a las conductas de cada individuo y al ambiente donde se desenvuelven. Cabe señalar, que el envejecimiento comprende la interacción entre las causas endógenas y exógenas.

En fin, existen multitud de teorías que intentan  esclarecer las causas del envejecimiento. Algunas desde perspectivas biológicas, otras desde la psicología y otras desde un punto de vista social. En las teorías biológicas las que más destacadas  son la programación genética y la de oxidación de los radicales libres. Es la programación genética la más popular y aceptada por los investigadores y estudiosos sobre la vejez y el envejecimiento. Esta se fundamenta en la influencia de los factores hereditarios que ejercen sobre la duración máxima de nuestra vida. La teoría de la oxidación de los radicales libres –por otro lado-  se sustenta en algunas investigaciones que proponen que dichos radicales son el origen de diversas enfermedades y probablemente del envejecimiento. Esta teoría –en los últimos años- ha tenido bastante acogida por parte de la población. Sustenta que existe una inclinación a la oxidación en los radicales libres de los componentes lipídicos que bordean las membranas celulares, provocando alteraciones en su estructura y disminuyendo funcionalidad celular. No obstante, algunos autores señalan opinan que la formación de radicales libres puede retardarse consumiendo suplementos ricos en vitamina E, A Y C, el betacaroteno. (Belando, 2000)

Hayflick (1989), (citado por Belando, 2000), afirma que aún no se ha demostrado la universalidad del envejecimiento, ni siquiera en los vertebrados. Según es te autor el envejecimiento es producto de la civilización o de la domesticación, él sugiere que es una circunstancia “”no natural”

Muchas veces se ha considerado, y se ha llegado a creer, que el envejecimiento físico biológico es propio de todos los seres vivos, y sin embargo, este envejecimiento en algunos animales es raro o nunca se ha llegado a demostrar. Incluso existen peces y anfibios que pueden vivir por un espacio de tiempo no definido a priori. (Belando, 2000)

Referencias:

Belando, M., (2000), Cambios físicos y funcionales en el proceso de envejecimiento. ¿Es posible una calidad de vida en la vejez a través de programas socioeducativos?, Cuestiones pedagógicas, 15, 119-137. Consultado en http://hdl.handle.net/11441/22096

 

Muñoz, J., (2002), Psicología del envejecimiento, Madrid: Ediciones Pirámide.

Salech, F., Jara, R., y Michea, L., (2012), Cambios fisiológicos asociados al envejecimiento, Revista Médica y Clinica Condes, 23 (1), 19-29, consultado en http://www.clc.cl/Dev_CLC/media/Imagenes/PDF%20revista%20m%C3%A9dica/2012/1%20enero/Cambios-fisiologicos-5.pdf

 

 

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