APRENDER A ENVEJECER,UN DESAFÍO QUE NOS INVOLUCRA A TODOS

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Juan Sebastián Marín Martínez (COLOMBIA)

Gerontólogo, Especialista en Planeación y Gestión Estratégica

                           

“Aprender a envejecer, es tomar conciencia de nuestro cuerpo, de sus cambios, de que es un proceso universal e individual; es aprender sobre auto cuidado y estilos de vida saludables; es relacionarse con los demás; es comprender que la vejez no es castigo ni enfermedad; es entender que el bienestar no proviene de un ADN envidiable, sino que es el resultado de nuestras

Los cambios demográficos representados en la transformación de la pirámide poblacional que representan la distribución de la población en nuestras sociedades refleja claramente el aumento de la población adulta mayor. Cada vez son, o podría decirse somos, más las personas mayores. Todos los días, cada minuto y cada segundo nos hacemos viejos, gracias al proceso del envejecimiento, que no es otra cosa que el hecho de vivir cada instante de nuestra vida, asumiendo los cambios propios derivados del impulso natural.

Esa transformación de la distribución demográfica ha conducido, tanto al interior de las sociedades como de las diferentes culturas a desarrollar un interés particular por el bienestar integral de la población de personas mayores, cubriendo sus necesidades en temas de salud y calidad de vida, manejando un concepto de integralidad, donde la salud y el bienestar no son ausencia de enfermedades, sino un equilibrio entre mente, cuerpo, espíritu.

A pesar de estos esfuerzos, la realidad de las personas mayores no es tan práctica y satisfactoria como se relata o se piensa. En el mundo actual, donde el consumismo es el elemento que identifica la tendencia y la dinámica social, los viejos, nuestros adultos mayores, no tienen cabida ni un papel dominante como en épocas de antaño y como sucede en las comunidades indígenas de diferentes culturas.

Por esto se requiere desarrollar diferentes mecanismos de participación que conduzcan a la inclusión de los adultos mayores en la sociedad como actores dinámicos, participativos, autónomos e independientes, para que alcancen ese bienestar integral, que garantice unas condiciones de vida mejores y una vejez activa y participativa.

Un componente fundamental que no puede excluirse de los programas de atención integral para la población mayor es la educación, ya que tener 60 años o más o no puede ser un elemento ausente en los programas para este grupo poblacional, pues cada ser humano tiene una historia, un conocimiento, unas metas y unos sueños por cumplir, que pueden y deben ser alcanzados en esta última etapa de la vida.

El “envejecimiento de la población presenta tres características principales: por un lado, el porcentaje de las personas mayores de 65 años supera ya en los países industrializados el 10% y tiende al 20% en el 2030; por otro lado, la población anciana envejece, y por último, las mujeres representan una proporción mayor de la población anciana” (LA GERONTAGOGÍA: UNA NUEVA DISCIPLINA. Cristina Fernández Portero) Esta situación conduce a una fuerte demanda de servicios de todo tipo para este grupo poblacional, ya que un gran porcentaje de las personas mayores, principalmente las que viven con escasos recursos, están amenazadas por el aislamiento, la pobreza, la exclusión social y la pérdida de dignidad humana

De esta forma surgen diversas opiniones y planteamientos relacionados con este tema, una de ellas es “La  OMS-  Organización  Mundial  de  la  salud  (1982-1995),  plantea como objetivo general, “potenciar la integración de los ancianos en la vida económica, social y cultural, promocionando a la senectud como una fase de vida positiva, digna y capaz”” (LA GERONTAGOGÍA: UNA NUEVA DISCIPLINA. Cristina Fernández Portero)

Como respuesta a estas exigencias, se desarrollan diferentes alternativas de atención, una de ellas son los procesos educativos en los cuales se ha reconocido que juegan un papel vital al permitirle a las personas de edad seguir siendo independientes, mantenerse al tanto de las transformaciones de la sociedad y vivir una vida más plena.

 

El concepto de la Gerontagogía ha sido el punto de partida para el desarrollo de diferentes experiencias y modelos de educación de adultos mayores, a través de los cuales se pretende generar espacio de integración para este grupo poblacional, así como aprovechamiento del tiempo libre y la posibilidad de mejorar la calidad y las condiciones de vida a través de la educación. Desde ella se propone que la educación de las personas mayores debe orientarse al aprovechamiento de sus capacidades y no a la compensación del déficit.

Se recomienda que cualquier modelo educativo para personas mayores debe tener en cuenta los siguientes aspectos:

  1. Cuando maduran, los adultos tienden a preferir auto-dirección.

El rol del instructor es apuntar a un proceso de  pregunta, análisis y toma de decisiones cuando el aprendiz es un adulto, en lugar de transmitir conocimiento.

From Edmunds, C., Lowe, K., Murrary, M. Seymour, A.. (1999). The Ultimate Educator.

  1. La experiencia de los adultos son una fuente rica aprendizaje.

Las personas  aprenden y retienen información más fácilmente si la pueden relacionar con sus experiencias previas.

  1. Las necesidades de aprendizaje de los adultos y sus intereses son los puntos de inicio y sirven como guías para actividades de entrenamiento.

Los adultos están concientes de la necesidad de aprendizaje generadas por eventos reales de la vida diaria como el matrimonio, divorcio, el ser padres, tomar un nuevo trabajo, jubilación, viudez entre otros.

  1. Los adultos generalmente aprenden basados en  competencias.

Quieren  aprender una destreza o adquirir conocimiento que puedan aplicar  pragmáticamente en circunstancias inmediatas. Las situaciones relacionadas con su trabajo o con su vida son el marco más apropiado para el aprendizaje de los adultos, en lugar de enfocarse en lo académico o en la teoría.

En Medellín se ha contado, con un modelo que busca fortalecer la participación social de los adultos mayores que contribuyó a visibilizar la vejez en  la  ciudad,  favoreciendo  la  interacción  de  las  personas  mayores  en  la sociedad  y  mejorando  significativamente  el  nivel  de  adaptación  de  este grupo poblacional. Desde el desarrollo de las competencias, el trabajo realizado promovió, las   habilidades,   las   destrezas   y   las   competencias   para   resolver problemas, comunicarse, aprender en la colectividad bajo los postulados del hacer científico; se crearon escenarios favorables para una vejez con calidad; se posibilitó un clima gratificante, requerido para el aprendizaje en edades avanzadas favoreciendo el ocio productivo, la transmisión de valores, el respeto al otro, la colaboración y la solidaridad.

Se definen uno objetivos claros que dieron origen al funcionamiento de las universidades y las aulas para mayores: 1) retrasar el proceso de envejecimiento; 2) acceso al patrimonio cultural; 3) ejercer  responsabilidades  nuevas  por  parte  del  colectivo  adulto  para  contribuir  a  su desarrollo; 4) estudio e investigación sobre los problemas de la vejez; 5) promover un arte de vivir la Tercera Edad.

Se debe partir del mismo concepto de “envejecimiento”, el cual se debe entender como un proceso más de la vida, inseparable de la misma, que tiene implícitos una serie de cambios, que en un principio permiten una evolución de todas las capacidades del organismo, pero que con el paso del tiempo, acarrean un desgaste del cuerpo y sus sistemas funcionales, llegando, inevitablemente a la muerte. Con este hecho, finaliza el ciclo de la vida y por lo tanto, el envejecimiento. Es un proceso universal e individual, le sucede a toda la población, pero para cada uno es particular.

Este proceso inseparable de la vida e ineludible está condicionado por diferentes elementos y componentes que se pueden clasificar en 3 categorías:

–       Genética: la información del ADN de nuestras células condiciona que cada uno de nosotros envejezca a un ritmo diferente que cualquier otra persona. En este sentido se encuentran familias con una predisposición para una enfermedad, o para la longevidad. A pesar de ello, en cada familia, todos envejecen diferentes, condicionados por las otras dos categorías de influencia.

–       Ambiente: las condiciones del clima, la temperatura, la polución, entre otros, generan un ambiente amigable o desfavorable para la vida. Cada región, cada país, cada barrio o localidad de nuestras ciudades tiene unas características propias que condicionan nuestro proceso de envejecimiento.

–       Estilos de vida: las diferentes conductas que asumimos frente a la vida en torno a temas de alimentación, descanso, vida social, entre otros, influyen positiva o negativamente en este proceso. Dietas bajas en grasa, poco trasnocho, bajo consumo de alcohol, favorecen un envejecimiento saludable, mientras que una alimentación rica en grasas saturadas, alto consumo de tabaco y alcohol, puedan afectar negativamente la salud y acelerar el proceso de envejecimiento.

Estos tres factores, condicionan el proceso de envejecimiento. Todos, simultáneamente juegan un papel preponderante en el ritmo que se da este proceso. Aprender a adoptar las mejores prácticas, ayuda a desarrollar de forma más saludable este proceso, contribuyendo a vivir más años, con una mejor salud, con mejores redes de apoyo y así alcanzar los sueños en la plenitud de la vida.

Este proceso está compuesto por diferentes etapas, que van, para algunos desde el momento de concepción hasta la muerte, y para otros desde el nacimiento hasta la muerte. La vejez, es una etapa de este proceso, la última, por lo tanto debe acarrear con el peso de la conjunción de todos estos factores: la genética, el ambiente y los estilos de vida. Ser viejo no es un castigo, ni un reproche por vivir de tal o cual manera la vida. Ser viejo es alcanzar la cumbre del proceso de envejecimiento. La forma en que la vivamos y cómo lleguemos a ella estará condicionada o será el resultado del cúmulo de vivencias y experiencias vividas a lo largo de la vida.

Definir la vejez es una tarea que han asumido diferentes autores y diferentes ciencias. En su libro “introducción a la Gerontología” LaForest propone tres definiciones de vejez tomando como referencia 3 disciplinas:

–       Desde la cronología, define la vejez como la edad de una persona mayor.

–       Desde las ciencias biológicas, se entiende la vejez como la etapa del decaimiento biológico por un exceso de edad.

–       Y desde las ciencias sociales, se toma la vejez como la disminución de la participación social de una persona porque presenta un decaimiento de su capacidad funcional ya que ha vivido muchos años.

Los tres conceptos propuestos, son aproximaciones a la definición de vejez, pero no dejan de ser más que definiciones parcializadas de un concepto general e integral que requiere esta etapa de la vida. Y es acá donde se describe el concepto de vejez desarrollado por el doctor Ricardo Moragas, quien para mi concepto ha planteado la definición más acertada de la vejez:

etapa vital, que se basa en el reconocimiento de que el transcurso del tiempo produce efectos en las personas, la cual entra en una etapa distinta a las vividas previamente. Esta etapa posee una realidad propia y diferenciada de las anteriores, limitada únicamente por condiciones objetivas externas y subjetivas del propio individuo. La vejez constituye, según este tipo de vista, un periodo semejante al de otras etapas vitales, como puede ser la niñez o la adolescencia, más estudiadas por los científicos naturales y sociales. Posee ciertas limitaciones para el sujeto que, con el paso del tiempo, se van agudizando, especialmente en los últimos años de la vida, pero tiene, por otra parte, unos potenciales únicos  y distintivos: serenidad de juicio, experiencia, madurez vital, perspectiva de la historia personal y social, que pueden compensar, sí se utilizan adecuadamente, las limitaciones de esta etapa de la vida”.[1]

Entender este concepto de vejez, llegar a crear una cultura frente a esta ideología, es la base de “aprender a envejecer” en donde la vejez no será una enfermedad, un problema o un castigo, sino por el contrario lo que es, una etapa más de la vida, para la cual nos debemos preparar desde edades tempranas.

 

Para ello hay que tener en cuenta una serie de elementos que conjugados en su totalidad, conducirán a mejorar la salud y a generar bienestar en la última fase del envejecimiento. Estos elementos son los determinantes para adoptar unos estilos de vida saludables que conduzcan a contrarrestar las características del ambiente y a prevenir el desarrollo de enfermedades estacionadas en nuestro ADN o que pueden fortalecer nuestras características físicas:

–       Comer bien

–       Dormir bien

–       Mantener relaciones sociales

–       Practicar ejercicio

–       Mantener las aficiones

–       Visitar al médico

–       Vivir la sexualidad y la sensualidad

–       Asearse adecuadamente

–       Ejercitar las funciones cognitivas

–       Vivir la espiritualidad

–       Mantener una actitud positiva

–       Aceptarse como se es.

Cumplir con estos preceptos ayuda al bienestar integral, no es una receta de cocina o un libro mágico de envejecimiento. Son recomendaciones que buscan mejorar la calidad de vida de las personas. La práctica de ellos puede ayudar a fortalecer los sistemas del cuerpo, contrarrestar las enfermedades, mejorar el metabolismo del organismo, enriquecer las redes sociales, mantener los sentimientos de utilidad e independencia.

Finalmente, aprender a envejecer, es tomar conciencia de nuestro cuerpo, de sus cambios, de que es un proceso universal e individual; es aprender sobre autocuidado y estilos de vida saludables; es relacionarse con los demás; es comprender que la vejez no es castigo ni enfermedad; es entender que el bienestar no proviene de un ADN envidiable, sino que es el resultado de nuestras acciones.

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