Cambiando el paradigma del envejecimiento

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A los 30 años comienzan a aparecer marcadores de envejecimiento en la sangre y las células”, afirma la doctora Mónica Cáceres, académica del Programa de Biología Celular y Molecular del Instituto de Ciencias Biomédicas, conclusiones a las que llegó gracias a un Fondecyt de Iniciación. Ahora, con su primer Fondecyt Regular, busca determinar el rol de una proteína en este proceso, la cual fue descrita en cáncer esofágico, sugiriendo un papel protector mediante la inducción de senescencia en esas células tumorales.

La misma doctora recuerda que, mientras era estudiante, podía estar toda la noche repasando alguna materia y llegar sin problemas a rendir la correspondiente prueba a la mañana siguiente. “Después de los 30 nadie se recupera tan rápido de un trasnoche”, añade, pero sentencia: “este es un tema muy dejado de lado; se estudia a los jóvenes o a los viejos, el envejecimiento no es algo que se analice antes de que ocurra”.

Su afirmación no es al azar. En un estudio en el que colaboraron miembros de toda la Facultad de Medicina, como estudiantes de pre y postgrado, además de profesores, y en base a las respectivas muestras de sangre, determinó que los marcadores de envejecimiento –asociados a inflamación y a aumento de células senescentes, por ejemplo- eran inexistentes o escasos entre los 18 y los 22 años. Que entre esa edad y los 29 es una fase de transición en que es más difícil clasificar, porque el suero sanguíneo de algunos se comporta como si su edad fisiológica fuera menor que la edad cronológica correspondiente y el de otros como si tuviera mayor, “y ahí está el efecto de lo que ha sido la vida de cada uno”, comenta, lapidaria. Pero que, definitivamente, a partir de los 30, estos marcadores aparecen casi sin hacer excepciones, lo que determina un comportamiento celular que se mantiene más o menos hasta los 48 años.

Qué es lo que nos hace viejos

Mediante un equipo multidisciplinario compuesto por los doctores Óscar Cerda, de su propio programa; Mauricio Garrido, de la Facultad de Odontología, y Felipe Maldonado, del Hospital Clínico Universidad de Chile, cuenta con muestras de tejido oral y de suero sanguíneo a lo largo de diferentes edades, “las cuales son el sustrato de nuestra investigación”, señala.

Lo que postulamos en este proyecto Fondecyt son nuevos blancos moleculares asociados al envejecimiento, en base a que en la investigación anterior encontramos ciertas proteínas que se modulan tanto en células mesenquimales de tejido conectivo o fibroblastos jóvenes como en envejecidos. Todavía no está muy claro por qué se envejece, sólo sabemos que con los años un montón de respuestas celulares funcionan peor que cuando se es joven. Estamos buscando qué es lo que cambia”, explica la doctora. En sus avances previos, establecieron que los niveles de proteínas son diferentes entre los fibroblastos de sujetos jóvenes y los de senescentes. “Entre ellas escogimos a nuestra candidata, cuya función celular aún se desconoce y podría estar asociada al envejecimiento”.

Ahí apareció la proteína TMPRSS 11a. “Es una serín proteasa de la cual se sabe muy poco, sólo que se encuentra sobreexpresada en algunos tipos de cáncer, con un rol asociado a la protección a la inducción de senescencia tumoral, produciendo un arresto en el ciclo celular, lo que lleva a que no prolifere”. En el caso del envejecimiento, añade, “queremos ver si esta misma proteína sufre alteraciones en sus niveles y si se modula con la edad”.

Posible terapia alogénica

Para ello, cuentan con un modelo de ratones knock out para esta proteína, a los cuales envejecerán para determinar qué daños aparecen asociados a la senescencia –comparándolos con individuos que sí la tienen- y la posibilidad de revertir esos problemas. Esto, además de continuar con sus investigaciones en muestras de tejido y sangre.

¿Qué es lo que viene a partir de estos estudios? “Lo primero es demostrar que esta proteína es un blanco del envejecimiento y, por lo tanto, buena candidata para bloquearla”, dice la doctora Cáceres. También están interesados en encontrar un producto que favorezca la reparación tisular, proceso que se ve disminuido durante el envejecimiento. “Lo que hemos visto en nuestras investigaciones es que los factores asociados al envejecimiento circulan en el torrente sanguíneo”; esto, a partir de que en modelo murino han mostrado que ratas envejecidas con heridas mejoran significativamente su reparación cuando se les administra suero proveniente de una rata joven. “Durante mi formación en la Universidad de California en Berkeley me tocó ver experimentos de parabiosis, en los que se une la circulación de sujetos de más y menos edad, y los más envejecidos reparaban sus tejidos mucho más rápido y con mejor calidad cuando estaban unidos a la circulación sanguínea de un ratón joven, y no así cuando lo estaban a un ratón de mayor edad. Una forma de llevar estas teorías al modelo humano son las transfusiones sanguíneas”, explica.

Y en sus cultivos primarios celulares, ha constatado que “si se toma un fibroblasto de un niño de 16 años y se incuba en suero de una persona de 40, aumenta la senescencia celular. Y, al revés, un fibroblasto proveniente de un donante envejecido mejora parcialmente al ser incubado con suero joven”.

Así, finaliza, cree que este conocimiento podría posibilitar el obtener, a partir de suero joven, los productos que pudieran estar presentes en “un liofilizado, por ejemplo”, constituyéndose en una terapia alogénica que estimule la reparación tisular, deteniendo y revirtiendo los daños celulares propios de la senescencia.

Cecilia Valenzuela León/ Fotografías: David Garrido

Lunes 28 de mayo de 2018

Fuente:Facultad de Medicina de la Universidad de Chile

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