Desafíos de una población longeva

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Leonardo Strejilevich

El mundo envejece irremediablemente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que, debido a la baja en la tasa de fecundidad y la extensión de la vida, en cuestión de años habrá en el mundo más personas mayores de 60 años que menores de cinco. El cambio demográfico planteará al mundo laboral uno de sus más arduos desafíos.

Hacia la mitad de este siglo serán los mayores el 22% (2.000 millones). La expectativa de vida crecerá en 8,8 años para los mayores de 80 años, que serán 400 millones de personas. La población de entre 15 y 64 años habrá disminuido 10% y la de menores de 14,2%.

El ritmo del envejecimiento será tal que la edad mediana mundial pasará de los 28 años actuales a 38 en 2050. Un mercado de trabajo es viejo cuando el 27% de las personas que lo integran en el mundo es mayor de 45 años.

Cambios inevitables

Esta realidad exigirá la adaptación de los sistemas sociales, sanitarios y de salud, pero también encontrar una solución para un mercado laboral global que tiene menos personas en edad de trabajar.

Cada vez menos jóvenes deberán pagar la jubilación de un mayor número de adultos; extender la vida laboral de las personas es uno de los retos.

El envejecimiento se acelera en los países en desarrollo (los países ricos ya están envejecidos). De hecho, según la OIT, el 79% de los mayores de 60 se encontrará en países emergentes, particularmente los de Asia.

El principal impacto se dará en los sistemas de seguridad social, ya que la tasa de dependencia de las personas de edad avanzada crecerá del 11% en 2.000 al 25% en 2050, según la OIT.

La edad jubilatoria aparece como variable de ajuste. Más longevidad y menos vida laboral pueden afectar las prestaciones para generaciones futuras de retirados.

Los sistemas de pensiones y jubilaciones juegan un importante papel en el alivio de la pobreza de los adultos mayores. En la Argentina la pobreza entre los mayores de 60 es alta, la situación sería diferente sin seguridad social: la pobreza de la vejez alcanzaría un nivel todavía muy superior.

Cerca de la mitad de la población de América Latina no accede a una jubilación o pensión. Los países que brindan cobertura a más personas son Brasil y la Argentina. Es clave garantizar que los sistemas de protección social desempeñen la función de brindar seguridad económica al adulto mayor.

Un mundo más poblado

El panorama que enfrenta la numerosa población de nuestro planeta ya, en este momento, son las penurias para alimentarse, beber agua potable, irrigar los cultivos, carencia de viviendas, escuelas, hospitales, transportes y cloacas. Las grandes ciudades viven rodeadas de anillos de villas miseria, los centros urbanos soportan migraciones internas e internacionales, la industria es incapaz de reciclar sus propios deshechos, el aire está contaminado. El planeta no está preparado ni tiene recursos para semejante crecimiento demográfico para soportar una población que en 2050 alcanzará los 10.000 millones de seres humanos. En dos siglos y medio la humanidad agotó el capital del ecosistema global.

El incremento de los ingresos no favoreció por igual a todas las poblaciones emergentes, se crearon nuevos pobres y millones de personas viven subalimentadas con desnutrición crónica.

Se comete el error en creer que mucha población ya es un problema en sí mismo: normalmente, los países más superpoblados no son los más densamente poblados, y viceversa. Muchas veces se intentó incentivar el antinatalismo o el natalismo según las coyunturas políticas habida cuenta que las tasas de crecimiento poblacional están decreciendo y el mundo en la actualidad puede alimentar a más de 40.000 millones de personas; el problema no es la población, sino lo que se quiere hacer con ella. Se puede frenar el crecimiento, pero el problema no es la cantidad, sino la densidad, la distribución territorial y la distribución por edades de la población.

Se necesita garantizar un desarrollo sostenible y para ello necesitamos conocer cuántas personas habitan en el planeta actualmente y cuántas serán en los próximos años. Necesitamos conocer la edad que tienen y cómo cambiará la distribución etárea. El crecimiento demográfico y el envejecimiento, la migración y la urbanización afectan todos los objetivos de desarrollo. Los países con una población envejeciente necesitan respuestas con políticas públicas que apoyen a su población mayor con el fin de eliminar los factores que obstaculizan su plena participación en la sociedad al tiempo de proteger sus derechos y su dignidad. Se debe considerar el progresivo y rápido envejecimiento global, a través de la promoción de un envejecimiento saludable y digno proporcionando entornos favorables para las personas mayores a fin de integrarlas en el proceso de desarrollo como un activo y no una carga. Por ahora, no hay mucha preocupación al respecto y falta un discurso coherente, fuerte y positivo sobre el envejecimiento de la población mundial.

Maximizar la vida sana

Para establecer un marco de desarrollo único y universal se debe tomar en cuenta la erradicación de la pobreza, la sostenibilidad ambiental, la desigualdad, los derechos humanos y la responsabilidad global. Las personas mayores pueden contribuir al desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza. Las desigualdades a lo largo del ciclo de vida en cuanto a ingresos, educación, empleo, salud, discapacidad y género se incrementan con la edad y este factor debe ser reconocido. La discriminación por razones de edad continúa siendo una práctica generalizada en todas las regiones del mundo.
Debe ser para los Estados compromiso y obligación maximizar la esperanza de vida sana en todas las etapas de la vida, incluyendo la cobertura universal para garantizar la salud durante todo el ciclo de vida teniendo en cuenta que tres cuartas partes de la carga mundial de las enfermedades crónicas y no transmisibles principalmente afectan a las personas mayores de 60; se debe hacer un hincapié especial en el diagnóstico, la atención y el tratamiento eficaz para las personas mayores.
Como las estructuras de población cambian, las leyes, las políticas, las actitudes sociales y prácticas institucionales deben también cambiar; es de esperar una respuesta dinámica y universal para con el envejecimiento en los diversos marcos de desarrollo socioeconómico y cultural de los pueblos. Pese al peso demográfico de los adultos mayores que constituyen una parte importante de nuestra población, éstos están discriminados, relegados y con una cantidad insuficiente de organismos destinados a cubrir sus necesidades.
El peor problema de la gente mayor es el despojo de su identidad, la pérdida de sus objetos y autonomía. Es uno de los sectores sociales que peor están ante la crisis. La sociedad mayoritariamente ha roto sus lazos con las personas mayores: no posibilitan su integración, los discriminan y maltratan, no desempeñan tarea alguna, están aislados y con escasos recursos económicos. La sociedad no genera estrategias de integración, de solidaridad y de participación; no se generan políticas públicas y programas válidos de asistencia, soporte, ayuda, auxilio, cuidados a largo plazo, prevención, orientación. Las redes de atención y protección sociales son incipientes y no se desarrollan ni se extienden.

Fuente:El Tribuno

https://www.eltribuno.com/salta/nota/2019-1-18-0-0-0-desafios-de-una-poblacion-longeva

 

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