Diego Bernardini: Hoy morimos de enfermedades relacionadas con el estilo de vida

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El especialista asegura que, por primera vez en la historia de la humanidad, ser mayor empieza a ser una experiencia colectiva. Dice que hay que aprender a ser viejo y cita el ejemplo japonés de “vivir largo y morir corto”

Por Mariana Otero

Hoy nos estamos enfermando y muriendo de enfermedades que están relacionadas con el estilo de vida (…) La genética apenas explica el 25 o el 28 por ciento de la longevidad. El resto es estilo de vida”.

De esta manera, Diego Bernardini, doctor en Medicina y gerontólogo, que participó días atrás de una charla en la Facultad de Educación de la Universidad Católica de Córdoba, habla de la nueva longevidad, un fenómeno que alcanza cada vez a más personas en todo el mundo.

“El que se mueve más vive más, el que tiene una dieta balanceada, suele vivir más; el que cree en algo, tiene una espiritualidad, vive más; la gente que tiene contactos sociales, vive más. Hay evidencia de que la gente que saluda más personas durante el día o tiene más contactos sociales tienen mayor protección cognitiva. Las mascotas prolongan la vida, la gente que vive con un perro o un gato, vive más. Las que viven en pareja suelen vivir más que los que están solos”, enumera Bernardini, en relación a cómo influye la manera de vivir en la salud de los mayores de 50.

–¿A qué llama nueva longevidad? 

Hoy las personas estamos viviendo más, hay una expectativa de vida mayor. Pero la manera en que viven las personas mayores está replanteando la visión que tenemos sobre cómo entendemos la vejez (…) Tenemos que pensar que este nuevo siglo requiere de un nuevo paradigma, de una nueva forma de ver las cosas. Hablo de nueva longevidad porque por primera vez en la historia de la humanidad el ser mayor empieza a ser una experiencia colectiva. Los mayores de hoy están viviendo en promedio más de lo que vivieron sus padres y sus abuelos y están envejeciendo sin estar preparados. Nosotros ya vamos a ver el camino de ellos y, de alguna manera, vamos a poder construir esa nueva longevidad.

–¿En qué momento se empieza a construir esa nueva longevidad?

–Cuando empezás a tomar algunos puntos de referencia vitales como son los 50 años, la mitad de la vida (…) Cuando llegás a los 50, una cifra redonda, entendés que ya hay cosas que viviste, ya tenés una experiencia, entendés que ya no es tan importante ganar dinero sino ser un poquito más feliz, tuviste algunas dificultades en el camino y ya empezás a ver una finitud, un horizonte, a imaginarte el día de mañana.

–Pero también aparece el fantasma del deterioro cognitivo o la dependencia…

–Antes no había deterioro cognitivo porque la gente no vivía tanto tiempo (…) Lo que hay que lograr es comprimir la morbilidad; como dicen los japoneses: vivir largo y morir corto. Que el tiempo de dependencia sea bien corto. Pero ese tiempo de dependencia alguien te tiene que sostener, darte de comer, asearte, vestirte. Hoy eso depende de la familia.

Pareciera que la percepción de la vejez ha cambiado y se suele decir que los 50 de hoy son los 30 de antes. ¿Es así?

–Es y no es. Es, en el sentido de que hoy se vive de otra forma. Las personas antes se jubilaban a una edad y los jubilaban de la vida. Hoy no, hay otra vitalidad. ¿Qué significa esto? Que hay personas que deciden viajar, que deciden no ser abuelos full time, hay gente que decide separarse y hay personas que van a programas educativos de adultos mayores. Las personas deciden asumir emprendimientos que antes los habían postergado por la familia o por otras cuestiones. Concretan asignaturas pendientes, aprenden un idioma, computación, conocen gente y esto da lugar a que se enamoren, conozcan compañeros de viaje (…) La longevidad es una parte del curso de vida, que cada uno la tome como la toma es un tema propio (…) La realidad es que a medida que vamos cumpliendo años, la gente lo que quiere es salud porque la salud permite ser independiente.

–¿Cómo se hace para llegar bien? 

–La salud es una construcción (…) Es importante porque hoy nos estamos enfermando y muriendo de enfermedades que están relacionadas con el estilo de vida. Uno de los desafíos que tenemos, además del deterioro cognitivo y la dependencia, es la soledad. La soledad indeseada, el que se quedó solo cuando los hijos se fueron.

–¿Cómo se hace para evitar la soledad?

–Hay que construir una red de familia, identificar roles y una familia postiza, que no tiene por qué ser vincular, y ayudar a construir un proyecto de vida. El que tiene un proyecto de vida, vive más. El que no sabe qué hacer, está en su casa, ese se deprime (…) La construcción de un proyecto de vida tiene que ver con visibilizar, con poner sobre la mesa una realidad. Un hombre que se jubila tiene por delante una expectativa de vida de 25 años. ¿Qué vas a hacer con eso? (…) Así como se dice que todos tenemos un niño adentro, lo cierto es que todos tenemos un viejo o una vieja adentro. Hay que sacarlo del armario y pensar cómo te gustaría que fuera esa persona mayor porque en promedio vamos a llegar todos.

–Los adultos que ya tienen padres ancianos dependientes, ¿comienzan a cuidarse más para llegar a viejos en mejores condiciones?

–Estas situaciones de cuidado te confrontan con vos mismo. Vos decís quiero llegar así o no quiero llegar así. Y eso abre la puerta a dilemas éticos que en algún momento va a haber que hablar como sociedad: muerte digna, principio de autonomía, cuando vos querés que respeten tu voluntad. El paciente que dice quiero estar en casa, no quiero estar en terapia intensiva y si me tengo que morir, me quiero morir en mi cama, rodeado de mi gente y con mis sábanas, hay que respetarlo. Como sociedad, no estamos preparados. Vivir bien significa morir bien, y estamos muriendo mal, y hoy nuestra sociedad se maneja con un modelo muy fuerte centrado en un hospital. El hospital es para ir a curar, no para ir a morir (…) La nueva longevidad es entender que a viejos vamos a llegar la mayoría de nosotros, que podemos prepararnos, que uno tiene que aprender a ser viejo. Si no aprende a ser viejo, se muere antes. Es una elección personal.

–¿Cómo se aprende?

–Tiene que ver con esos tips saludables de los que hablamos, pero también con entender que si a los 52 quiero salir a correr como lo hacía a los 20, me voy a lastimar. Si pretendo tener un desempeño sexual como a los 25, no va a funcionar. Así como uno aprende a renunciar a algunas cosas, gana otras. Uno como mayor tiene otra visión. Hay que aprender a entender que es un camino, un viaje, y va a ser lo divertido que uno quiera, depende de uno. Hay vicisitudes, pero uno puede manejarlas (…) Te podés mantener vigente, y para la vigencia no hay edad.

–¿La juventud sigue siendo un valor?

–Es un valor superficial. Cuando hablás con la gente, te dicen quisiera ser más joven, pero no quiero perder la experiencia. Eso es imposible. Todos queremos vivir el mayor tiempo posible, pero no envejecer. Otro imposible. (…) Lo interesante es que la persona mayor te hace referencia a dos cuestiones: la libertad, que va de la mano de la salud, la libertad de poder hacer, de decidir y dentro de esa decisión, la posibilidad de decir que no.

Fuente:La Voz

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