EL EJERCICIO FRENA EL ENVEJECIMIENTO

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RAMIRO VELÁSQUEZ GÓMEZ | PUBLICADO EL 31 DE JULIO DE 2016

Muchas investigaciones relacionan el ejercicio con una expectativa de vida más larga debido a la relación que tiene la actividad física con el alargamiento de los telómeros en los cromosomas.

Una a una las evidencias se suman: hacer ejercicio puede prolongar la vida, demorar el envejecimiento celular.

Lo dicen varias investigaciones. Y aunque no se ha podido establecer cuánto ejercicio es necesario todo sugiere que es así. Lógico, como en cualquier otro tema relacionado con el cuerpo humano, puede no aplicar para todos debido a otras causas asociadas pero es un buen mensaje.

Esa aparente ralentización del proceso de envejecimiento tiene que ver con los telómeros, unas estructuras que recubren los cromosomas para protegerlos. Estos se van deteriorando con el paso de los años, las enfermedades y otros factores. Se acortan. Y de tiempo atrás se sabe que el acortamiento tiene que ver con la expectativa de vida.

Una evidencia más acerca de los beneficios del ejercicio se presentó esta semana en la revista Science Advances: científicos identificaron unos reguladores esenciales en la protección y mantenimiento de esas estructuras, determinando que el ejercicio de resistencia y el metabolismo favorecen su conservación.

En los humanos el acortamiento natural de los telómeros con la edad se relaciona con una capacidad menor de mantener en forma las células y los tejidos.

Resultados

Pero más allá de las explicaciones técnicas con vocablos para expertos, el respaldo al ejercicio como método antienvejecimiento proviene de evidencias acumuladas a lo largo de los últimos años.

Los atletas de competencia tienen telómeros más largos que las personas sedentarias, como también los poseen las mujeres mayores que caminan o realizan algún otro ejercicio moderado según algunas investigaciones con una muestra reducida.

En octubre pasado, en la revista Medicine & Science in Sports & Exercise, se publicó un artículo de un estudio con 6.500 participantes que respondían cuestionarios sobre sus hábitos de ejercicio, si nada, poco, intenso y otras categorías.

Al comparar las respuestas con la extensión de los telómeros de cada individuo se encontró que quien participaba en una actividad tenía 3 % menos probabilidad de tener esas estructuras más cortas que quienes no hacían nada de ejercicio.

El riesgo se reducía a medida que se ejercitaba más. Quienes informaron de 2 tipos de ejercicio tenían 24 % menos probabilidad de unos telómeros cortos, 29 % con 3 clases de ejercicios y 59 % quienes participaban en al menos 4 de ellas.

Hubo un dato sorprendente: las asociaciones eran más fuertes en aquellas personas entre los 40 y 65 años, lo que sugiere que esa edad es un momento oportuno para comenzar o proseguir con un programa de ejercicios que reduzca el acortamiento.

Los autores advirtieron que se trataba de un estudio de asociación que dice que quienes se ejercitan tienen telómeros más largos, o sea no se estudiaba la causa-efecto. Tampoco se estudió la cantidad de ejercicio requerida para recibir los beneficios.

Un hallazgo parecido había producido una investigación de hace 8 años en esa misma revista en una cohorte pequeña de 69 participantes entre los 50 y 70 años de edad.

Entre quienes quemaban de 991 a 2.340 kilocalorías semanales en el ejercicio, una categoría moderada, tenían unos telómeros más largos.

La pregunta que surge, entonces, es ¿cuánto se alarga la vida? Y tampoco tiene una respuesta sólida porque no se ha establecido con solidez en las investigaciones realizadas.

Menos años

Un aporte sobre el asunto data de 2008, un estudio publicado en Archives of Internal Medicine, encabezado por Lynn Cherkas y Tim Spector.

Incluyó 2.401 mellizos en relación con su actividad física, el hábito del cigarrillo y factores socioeconómicos.

A todos se les tomó muestra de sangre y de sus leucocitos se extrajo ADN para analizar la extensión de los telómeros en cada uno de las terminales de los cromosomas y se examinó si existía una relación con la cantidad de ejercicio que hacía cada uno.

Y se confirmó: mayor tamaño en quienes se ejercitaban, que en promedio tenían 200 nucleótidos (moléculas orgánicas) más largos.

Las personas que hacían ejercicio moderado, alrededor de 100 minutos a la semana en actividades como nadar, jugar tenis o correr, tenían telómeros como los de individuos 5 o 6 años más jóvenes que quienes solo hacían unos 16 minutos.

Pero quienes se ejercitaban 3 horas a la semana de manera moderada o intensa tenían telómeros como de personas 9 años más jóvenes en comparación con quienes menos actividad desarrollaban.

A más ejercicio, mayor la extensión de esas estructuras.

Los científicos concluyeron que un estilo de vida sedentario, además de fumar y tener índice de masa corporal alto tiene un efecto sobre la longitud de los telómeros y puede acelerar el proceso de envejecimiento, por lo que el ejercicio aportaría un potencial efecto antienvejecimiento.

Otros factores

Hace tres años investigadores de la Universidad de California en San Francisco, en un pequeño estudio piloto, llegaron a la conclusión de que cambios en la dieta, el ejercicio, el manejo del estrés y el apoyo social pueden derivar en telómeros más largos y por ende tener un efecto rejuvenecedor.

El artículo apareció en The Lancet Oncology.

Este resultado, en palabras de Dean Ornish, uno de los investigadores, significa que “nuestros genes, y nuestros telómeros, no marcan necesariamente nuestro destino”.

A medida que se modifican los estilos de vida, puede aumentar la longitud de esas protectoras terminales.

El estudio se centró en 35 pacientes con cáncer de próstata. A todos se les hizo seguimiento durante 5 años para explorar la relación entre cambios en esos estilos y la longitud de los telómeros.

Así, 10 se sometieron a un programa con una dieta basada en vegetales, ejercicio moderado (30 minutos diarios de caminata), reducción del estrés con yoga y meditación, a la vez que participaban en un grupo de apoyo.

A los otros 25 no se les pidió ningún cambio importante en su modo de vida.

Los primeros tuvieron un aumento significativo de sus telómeros, cerca del 10 %. A más compromiso, mejores fueron los resultados.

Pero aquellos que no hicieron cambios en su forma de vivir tenían los telómeros 3 % más cortos cuando el estudio terminó.

Y aunque el trabajo se centró en esas personas con cáncer incipiente, los científicos piensan que el hallazgo se extrapola a toda la población. Como dijo Ornish en un comunicado de prensa emitido en su momento, “analizamos los telómeros en la sangre de los participantes, no en su próstata”.

Resulta relevante que este estudio fue la continuidad de otro en el que a los mismos participantes se les pidió seguir un mismo programa. Luego de 3 meses, los hombres presentaban un aumento en la actividad de la telomerasa. Esta es una enzima que repara y alarga los telómeros.

El acortamiento aumenta el riesgo de una amplia variedad de enfermedades crónicas, creyéndose que el alargamiento ayuda a prevenir, situación que incide en una vida más larga y sana.

Biólogos especulan que ese mecanismo es una compensación, una especie de intercambio entre el envejecimiento y el cáncer.

No acumulable

Entendible es preguntarse en este punto desde cuándo hay que comenzar a hacer ejercicio y cuánto se prolongan sus efectos.

Un artículo en el Journal of Sports Science and Medicine , encabezado por Merja Laine, analizó los efectos del ejercicio sobre los telómeros a largo plazo, para lo cual se evaluó el estado de 392 atletas finlandeses de élite de 1985 a 2008.

Los investigadores deseaban ver si los efectos benéficos del ejercicio en la juventud persistían hasta la edad adulta como algunos sugerían y dada la influencia positiva de la actividad física en el bienestar general de las personas.

Se encontró que los atletas tenían un metabolismo bueno en la edad adulta, hecho asociado a una vida más larga, pero los telómeros no eran más largos demostrando que los beneficios no duran para siempre, sugiriendo que hay que persistir en él o iniciarlo, como mostró el estudio de octubre de 2015, hacia la edad media para lograr la protección deseada.

El avance

El artículo de esta semana en Science Advances refuerza todo lo hallado hasta ahora al confirmar de modo contundente el efecto del ejercicio:

Cuando las personas sanas realizan trabajo cardiovascular, sus músculos aumentan la transcripción (proceso de transcribir la información genética) de telómeros.

El grupo de científicos, además identificó un factor nuevo de esa transcripción que constituye la primera evidencia directa de que está ligada al ejercicio y al metabolismo en las personas.

Podría concluirse entonces que los telómeros predicen la mortalidad. Si son más cortos, la vida, igualmente, es más corta.

Como el ejercicio tiene un efecto restaurador sobre esas estructuras, alargándolas, el mensaje es claro: hacer ejercicio es bueno para sus células.

Y mientras más variado sea, mucho mejor, así que el sedentarismo queda una vez más fuera de lugar en el tema de la buena salud y una vida más larga.

CONTEXTO DE LA NOTICIA

DICEN DE…EL FUNCIONAMIENTO DE LOS TELÓMEROS

Un telómero es una región de ADN repetido en el extremo de los cromosomas (una capucha) que los protege de su destrucción. En la división celular, las enzimas que duplican el cromosoma y su ADN no pueden continuar su duplicación hasta la punta de los cromosomas. Si las células se dividen sin los telómeros perderían esa punta y la información que contiene. Los telómeros son un amortiguador desechable que se consume (acorta) en la división celular y es repuesto por una enzima. El mecanismo limita las células a un número fijo de divisiones y es responsable de su duración: cuando esas estructuras se acortan mucho la célula se autodestruye o deja de replicarse. La obesidad, el insomnio, la diabetes, el tabaco y otras situaciones aceleran el acortamiento.

Fuente http://www.elcolombiano.com/tendencias/el-ejercicio-rejuvenece-HB4672867

El Colombiano.com

 

 

 

 

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