Ellas y la tercera edad de su sexualidad

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Un sinnúmero de mitos han reforzado históricamente estigmas sobre la sexualidad luego de que las personas arriban a la sexta década de vida y pasan a considerarse como adultos y adultas mayores.

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Un sinnúmero de mitos han reforzado históricamente estigmas sobre la sexualidad luego de que las personas arriban a la sexta década de vida y pasan a considerarse como adultos y adultas mayores.

Estos mitos, en el caso de la mujer, «concebida bajo el estereotipo de mujer madre, mujer en función de la familia», han lastrado el disfrute de la sexualidad en ellas, lo cual se incrementa en la llamada tercera edad.

Así sostuvo la doctora Beatriz Torres Rodríguez, presidenta de la Sociedad Cubana para el Estudio Multidisciplinario de la Sexualidad (Socumes), en el recién celebrado XVII Congreso de la Sociedad Cubana de Ginecología y Obstetricia, al abordar esta temática.

«A la mujer se le prepara para atender y satisfacer necesidades de otros. Socialmente predomina la creencia de que su capacidad y deseo sexual son menores que los del varón, y que el amor femenino es romántico y debe tener una pasividad erótica», dijo la especialista.

Ello se acompaña de otros mitos como que solo en la juventud se goza de una buena sexualidad y que las mujeres en la tercera edad no tienen una vida sexual activa, y no están interesadas en comprometerse en alguna relación romántica, apuntó la experta.

Cuando se habla de la sexualidad de la mujer en la tercera edad, muchas veces solo pensamos en los siguientes aspectos: fragilidad y pérdida del vello púbico; la mucosa vaginal se seca y atrofia, disminuyendo por tanto su secreción y facilitando las infecciones; la vulva, los labios menores y el clítoris disminuyen de tamaño, se produce un acortamiento y estrechamiento de la vagina; los ovarios disminuyen de tamaño, y el moco cervical es espeso, escaso y celular; los senos se vuelven fláccidos a consecuencia de la atrofia de los tejidos y la falta de secreción hormonal.

Para la sicóloga, es fundamental tener en cuenta qué piensan las mujeres de la tercera edad y qué se entiende por salud sexual geriátrica.

Esta última es «la expresión sicológica de emociones y compromisos que requiere la mayor cantidad y calidad de comunicación entre compañeros, durante toda la existencia, en una relación de confianza, amor, capacidad para compartir y placer, con o sin coito», de acuerdo con la literatura especializada.

Este concepto se basa fundamentalmente en una «optimización de la calidad de la relación» (más que en la cantidad), refirió la doctora Torres Rodríguez.

Para la entrevistada varios elementos no se pueden perder de vista: la autopercepción del atractivo sexual es un factor social muy importante.

«El climaterio anticipa el “sentimiento de vejez” en muchas mujeres. Un gran número de mujeres creen erróneamente que terminada su función reproductiva se pierde, también, la función sexual», señaló.

A ello se une que las personas de edad encuentran muchísimas dificultades en consultar a profesionales de las ciencias médicas, porque en general se carece de formación en áreas de la sexualidad y, mucho más, en sexualidad de la gente mayor. De ahí que el papel de los profesionales de la salud en general y de médicos/as de la familia, así como de especialistas en Geriatría, como proveedores fundamentales de salud en esta etapa debe convertirse en esencial.

Es fundamental que se atienda a la persona desde el punto de vista integral y que, por ejemplo, las disfunciones sexuales sean tomadas tan en serio como lo son la hipertensión arterial o la diabetes.

Estudios desarrollados en nuestro contexto han evidenciado que, contrario a lo que muchas personas piensan, una parte considerable de las disfunciones en la tercera edad tienen su origen en desconocimientos, falsas expectativas, sentimientos de minusvalía y otros fenómenos que, si bien desempeñan un papel importante en la aparición de las disfunciones, son relativamente fáciles de combatir y prevenir mediante una adecuada información y discusión.

De acuerdo con estudios epidemiológicos, el hecho de perder la pareja es uno de los factores determinantes de mayor peso del cese de la actividad sexual.

«Tradicionalmente ha existido una fuerte tendencia social a considerar negativamente el establecimiento de nuevas relaciones afectivas, e incluso de nuevos matrimonios en las mujeres viudas, lo cual limita aún más la actividad sexual de ellas», puntualizó la sicóloga.

En general, resulta esencial que la familia acepte la sexualidad de los ancianos, considere las posibilidades de segundas y terceras nupcias, y respete la intimidad de los padres y abuelos.

La sexualidad de las mujeres de la tercera edad como indicador de la calidad de vida, en especial la percibida, requiere una mayor comprensión de todos los factores que la afectan. Uno de los más importantes es el duelo, por el cuerpo, por las pérdidas sexuales y por lo social.

Pero, ¿la tercera edad qué implica o limita realmente? Sobre el tema, los expertos William Masters y Virginia
Johnson, quienes se dedican al estudio de la respuesta sexual humana, sostienen que los ancianos pueden tener sexo a cualquier edad.

Una encuesta internacional a 1 126 ancianos, llevada a cabo por la Universidad de Michigan, mostró que el 30 % tenían actividad sexual y evidenció que la disfunción sexual no es inherente al envejecimiento.

De ahí la necesidad de incidir en la comprensión de los cambios sexuales que ocurren en la vejez y sobre la influencia negativa que ejercen los mitos y creencias en el disfrute de la sexualidad en las mujeres mayores de 60 años. «La sexualidad no es solo para las y los jóvenes», aclara la doctora Beatriz Torres Rodríguez.

Promover conocimientos sobre los derechos de las personas de la tercera edad a disfrutar su sexualidad y promover políticas públicas que no solo correspondan al sector salud es esencial. Se trata de incentivar espacios de socialización, recreación y crecimiento en estas etapas de la vida, sin descuidar además la educación familiar en estos temas.

EN CONTEXTO:

  • Cuba, con un 20,4 % de su población con 60 años y más, de acuerdo con datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), experimenta un acelerado proceso de envejecimiento demográfico.
  • Datos del último Censo de Población y Viviendas dan cuenta de una alta incidencia de los hogares unipersonales, donde existe una presencia importante de adultos mayores.
  • En el 40 % de los hogares cubanos vive alguna persona adulta mayor. En un 32 % de ellos residen hasta dos o tres personas de 60 años y más, por lo que, es muy probable, que una persona adulta mayor se esté ocupando del cuidado de la otra (especialmente las mujeres).
  • La elevada prevalencia de fragilidad, discapacidad y dependencia de los adultos mayores conlleva a una creciente demanda de cuidado y protección social.
  • Asimismo, las tendencias actuales y futuras indican que se continuarán reforzando los niveles de envejecimiento demográfico y el decrecimiento del número de habitantes.
  • Considerando las tres variables demográficas fundamentales y su influencia en el envejecimiento, se confirma el efecto decisivo de la (baja) fecundidad, el efecto mucho menor de la mortalidad y la influencia no despreciable y probablemente sustantiva de las migraciones externas para el país, e internas respecto a algunas regiones.
  • Como perspectiva de la dinámica demográfica entre el año 2011 y 2025 la población de Cuba habrá disminuido en valores absolutos, casi el 26 % de su población tendrá 60 años y más, con un elevado crecimiento absoluto de la de 80 años y más. Para 2030 las personas de 60 años y más serán 3,3 millones, con impactos directos en la familia y en los recursos laborales.
  • «Una de las circunstancias que más deprime a los adultos mayores es la soledad. Esta situación se hace más evidente con la pérdida del vínculo conyugal (en el caso de las mujeres enfrentan una mayor viudez que sus pares masculinos)», precisó la doctora Torres Rodríguez.

Fuente: Granma

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