ENVEJECIMIENTO ACTIVO EN RESIDENCIALES EN TIEMPOS DE PANDEMIA.

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Sebastián Cobas

Técnico en Acompañamiento Terapéutico  

El objetivo fundamental de todo el personal que trabaja en residenciales debería ser el de brindar un espacio vital y una atención integral en busca del fomento de la autonomía, del mantenimiento de las funciones y las capacidades, y por ende de la calidad de vida de la persona mayor residente.

Esta búsqueda por calidad de vida debe tomar en cuenta la situación puntual de cada mayor, su opinión, sus gustos o preferencias.

Se trata entonces de ayudar a vivir el envejecimiento de una manera más saludable y activa, en contra de las visiones estereotipadas y negativas que siguen existiendo tanto de la vejez como de la permanencia en un establecimiento de larga estadía.

Afortunadamente cada vez son más las instituciones y el personal alineados con esta idea.

Desde nuestra experiencia, estamos convencidos que la actividad tanto física y mental, conjuntamente con la participación social, son pilares para un buen envejecimiento, desde un punto de vista físico, social, psicológico y emocional.

Por eso el contar en estas instituciones con actividades como estimulación cognitiva, música, gimnasia, recreación, psicomotricidad, visitas o paseos, es tan importante como atender las necesidades farmacológicas de cada residente.

Con el 2020 llegó la pandemia en la que aún hoy estamos inmersos y nos ha obligado a replantearnos prioridades y formas de trabajo.

Las medidas y cambios realizados para evitar la propagación del virus han afectado también todo aquello relacionado con la participación, el desarrollo de actividades, talleres, terapias y relacionamiento social de los residentes.

En muchos casos todo estas actividades se vieron suspendidas, incluso hasta hoy. En otros la creatividad y la capacidad de adaptación jugaron un papel fundamental para poder reinventarse.

El hecho de que las personas mayores de las residencias no hayan podido salir de las mismas o recibir visitas durante tanto tiempo, supuso sin dudas un agravamiento de su salud psicológica y emocional. Sumado a esto no son posibles aún las actividades llevadas a cabo en el exterior (como paseos o visitas) ni aquellas que suponen la entrada de otros colectivos (actividades intergeneracionales, visita de congregaciones, etc. ).

Pero estas pérdidas en cuanto a posibilidades de acción, nos llevaron a todos a pensar y a tener aún más en cuenta, las necesidades de los residentes. En muchos residenciales no hemos  dejado de organizar y realizar actividades y acciones que contribuyen a retrasar los efectos del envejecimiento, y a llevar adelante una vida activa y participativa.

Claro que  muchos de los talleres que antes se llevaban a cabo se han tenido que plantear de una forma diferente.

Cuando el consejo fue que nadie más allá de los trabajadores directos podía ingresar a los establecimientos (evitando así visitas y talleristas) nuestra gran aliada paso a ser sin duda la tecnología.

Muchos tuvimos que actualizarnos, aprender a utilizar nuevas herramientas, aprender como filmarnos, o como editar un video. Realmente fue un desafío para todos.

Lejos de restarle importancia al contacto humano por supuesto, porque mentiríamos si decimos que la participación,la adhesión y los resultados fueron los mismos que trabajando de manera presencial,de todos modos, podemos asegurar que el saldo de esta experiencia ha sido más que positivo.

Técnicos de distintas disciplinas se filmaron realizando las sesiones de trabajo, soltándose cada vez más  frente a la cámara y aprendiendo sobre la marcha acerca del tipo de dinámicas que en este  formato despertaban un mayor interés en los residentes.

En nuestro caso particular, nuestro equipo llevo adelante mediante videos talleres de Estimulación Cognitiva, de Psicomotricidad, un espacio musical y otro de cine.

El televisor como gran mediador, posibilitó el hecho de los talleres volvieran a ser un punto de encuentro, de socialización dentro del residencial.

También ayudamos a mantener la vinculación con los familiares, llevando a cabo incluso celebraciones mediante videoconferencias, donde oficiábamos a modo de maestros de ceremonia.

En este apartado, fue fundamental redoblar la comunicación con las familias, informando en todo momento no solo sobre el estado de salud del mayor residente, sino también sobre las actividades que se llevaban a cabo, los protocolos de cuidados del residencial, y alentándolos permanentemente a cuidarse y a entender que esta distancia que puede resultar dolorosa, es necesaria.

Los meses pasaron, y algunos residenciales consideraron que estos recursos se iban agotando, lo que sumado a un gran reclamo de parte de los residentes por comenzar a trabajar de manera presencial llevo a reformular la manera de trabajar.

Paredes acrílicas, el mantener una distancia segura, tapabocas, máscaras, guantes,  túnicas, protocolos de higiene estrictos, todo lo necesario se puso en práctica para volver con algunas actividades.

Al día de hoy algunos centros continúan con las dinámicas a distancia, otros de a poco han ido reincorporando lo presencial con los cuidados antes mencionados. Pero no debemos dejar de mencionar que también hay otros que aún no han encontrado alternativas para continuar ofreciendo a sus residentes estos estímulos tan importantes.

La observación nos ha llevado a corroborar lo que temíamos, en estos residenciales que se vieron cortadas las actividades durante un largo período, el deterioro cognitivo, físico y emocional de las personas mayores ha sido muy significativo.

Si usted tiene un familiar como residente en uno de estas instituciones, con poca o nula actividad debido a la pandemia, debería pedir que se lleven a cabo cambios , porque se puede y se debe.

Debemos recordar que la persona mayor residente tiene el derecho a envejecer bien, y gran parte de esto, es envejecer activamente. ¿No es esto lo que todos anhelamos?

 

 

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