Felicitas, la trabajadora de 82 años, en El Día Internacional de la Mujer

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  • En México, siete de cada 10 mujeres con un empleo, 68 por ciento, gana como máximo cinco mil 300 pesos mensuales, equivalentes a dos salarios mínimos
  • Felicitas gana salario mínimo, tres mil 200 pesos  

Susana Sánchez.-En la víspera del Día Internacional de la Mujer, Felicitas Aragón Peralta trabaja de lunes a sábado en un horario de las siete de la mañana a las tres de la tarde, le dan unos quince minutos para sus alimentos, pero cuando le duelen las piernas trata de descansar aunque permanentemente los supervisores la persiguen para que no deje de cumplir con sus tareas. Le dicen que hay que limpiar otras oficinas o sanitarios.

Felicitas percibe mil 600 pesos quincenales, habita un inmundo cuarto en los Pedregales de Santo Domingo, al sur de la capital mexicana. No tiene baño propio, recurre a uno de uso colectivo que forma parte de los cuartos que le renta una dueña que un inmueble.

Cuando tiene alguna dolencia en sus piernas acude a la Clínica 19 del Instituto Mexicano del Seguro Social, que se encuentra muy cerca del centro histórico de esa alcaldía de Coyoacán, se forma en UniFila para ser atendida, pero al llegar con la doctora que le asignan se encuentra con una servidora pública que le dice que sus quejas tienen que ver con que “es vieja” por lo cual prefiere acudir a las farmacias privadas para que la atiendan y donde adquiere con su salario, sus medicinas.

A largo de su vida laboral es la primera vez que goza del Seguro Social, pero prefiere ir con el doctor Simi, una farmacia privada. Lo hace para evitar los reproches en el Seguro Social por ser persona mayor. No tiene hijos, sus hermanas ya se casaron, y ella ha observado que los hijos o hijas de personas de su edad que conoce, no son atendidas y menos protegidas, por eso se siente mejor el no haber tenido descendientes y vivir en forma independiente.

También Felicitas, cuando tuvo que habitar cuartos de azotea, se dio cuenta de madres que dejaban a sus hijos o hijas encerrados porque tenían que ir a trabajar. Pasaban muchas horas en soledad esos infantes y lo que más le sorprendió es que estos niños o niñas llegaban a comerse su “pupó” por hambre.

No aprendió a escribir, apenas hace unos garabatos al firmar la nómina con su pago; le costó trabajo aprender a leer, cuando llegó a la Ciudad de México, porque no registra fechas precisas, solamente recuerda que fue cuando murió el actor Jorge Negrete- en la década de los cincuenta. No sabe hacer cuentas, así que no cuenta su dinero cuando lo recibe. Se queja de que los supervisores de la empresa de limpieza, sobre todo una joven de la que no sabe su nombre, quien la acosa, la persigue porque llega a ocultarse para tomar algún alimento o descansar de las largas faenas de trabajo de limpieza.

Cuando era niña, Felicitas sufrió la separación de su madre y de su padre, y tuvo que venir a la Ciudad de México, junto con sus hermanas, y en la víspera del Día Internacional de la Mujer, a su edad trabaja para lograr mantenerse, tampoco sabe qué existe el derecho a la dignidad, a no ser perseguida laboralmente y tampoco tiene idea de que tiene derecho a la Pensión Alimentaria que ofrece a las personas mayores el gobierno del presidente Andrés López Obrador, ni tampoco que tiene derecho, por su edad, a un estado de bienestar y que tampoco sabe que tiene derecho, a pesar de estar afiliada al Seguro Social, de ser atendida adecuadamente y recibir los tratamientos médicos de un geriatra por su edad, a sus 82 años.

No existen estadísticas precisas en México sobre las mujeres mayores que laboran a la edad de Felicitas y regularmente en trabajos, que en general evaden gente más joven, de limpieza de excusados, baños, oficinas, escaleras, patios de inmuebles que ocupan dependencias públicas o en instituciones como el Sistema de Transporte Colectivo, mejor conocido como el “Metro”. Son personas mayores, mujeres y hombres que laboran en trabajos de limpieza con salarios mínimos como los que percibe Felicitas.

María Luisa González Marín, del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc) de la Universidad Nacional Autónoma de México, explicó en una entrevista que, aunque la participación de la mujer en el mercado laboral nacional se incrementó, sobre todo en los años 80 del siglo pasado, no alcanza ni la media de América Latina, que es de más de 50 por ciento, y está por debajo de países como Perú.

En México, como en otros países, dijo esta especialista universitaria, las demandas no resueltas se relacionan con el acceso de ellas a la educación, al trabajo en igualdad de condiciones o a los derechos sexuales y reproductivos, así como erradicar la violencia en su contra, que en una de sus formas exige estereotipos de belleza inalcanzable.

La presencia femenina en el mercado laboral ha crecido, pero la mayoría, como Felicitas, se ubica en los trabajos de más bajos ingresos, en la economía informal, el comercio y los servicios, o en industrias como la textil y en las maquiladoras, señaló González Marín.

De acuerdo, a datos citados por González Morín, mientras 78 de cada cien hombres de 15 años y más disponibles para producir bienes y servicios son económicamente activos, en el caso de ellas son sólo 44, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (2018). A esto, mencionó esta universitaria, hay que sumar que en la nación siete de cada 10 mujeres con un empleo, 68 por ciento, gana como máximo cinco mil 300 pesos mensuales, equivalentes a dos salarios mínimos.

Fuente: T.E Diario de la Tercera Edad

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