Francisco Olavarría: “Hemos naturalizado la discriminación por edad más que ninguna otra. ¿Por qué?”

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Reconocido activista y gerente del Consejo Español para la Defensa de la Discapacidad y la Dependencia, lleva años analizando y denunciando este tipo de marginación social 

¿Has oído hablar del ‘edadismo‘? Se trata de la discriminación por cuestión de edad, basada en prejuicios y estereotipos, y afecta a millones de personas en todo el mundo. El gerontólogo estadounidense y psiquiatra Robert Butler acuñó el término en 1968 (ageism) para denunciar la discriminación social de las personas de avanzada edad y defendió que la vejez puede ser una etapa productiva y saludable. Ayudó a entender que el edadismo es otra forma de discriminación más, como el machismo o el racismo, que se manifiesta en todos los ámbitos de la vida.

Francisco Olavarría Ramos, reconocido activista y gerente del Consejo Español para la Defensa de la Discapacidad y la Dependencia, lleva años analizando y denunciando este tipo de marginación social. Es el autor del manual didáctico ‘El microedadismo lo vamos a jubilar’ (2018) y reclama “más estudios, más literatura y más personas que lo denuncien, independientemente de su edad”. Es un problema de toda la sociedad, insiste.

Conversamos con él, en Madrid, en el marco de nuestro ciclo de encuentros Doy la cara contra la discriminación.

¿Cómo se manifiesta el edadismo?

Para detectarlo no hay que ponerse gafas moradas, como ocurre con el machismo, sino que hay que operarse de cataratas. Lo digo porque lo tenemos tan integrado en nuestro día a día que es difícil detectarlo como una clara discriminación.

El edadismo está presente en todo, en el mundo laboral, en la política, en la moda, en el lenguaje de los medios de comunicación o en el humor y, además, nos condiciona para todo y a todas las personas, sin excepción.

Afirmas que el edadismo es sexista y afecta especialmente a las mujeres…

“A las mujeres no se les pregunta la edad”, “se le va a pasar el arroz”, “las canas te hacen más vieja” o “viste como si tuviera veinte años menos” son algunas de las expresiones que inciden en esta misma idea. Juzgamos de manera más cruel a las mujeres según van cumpliendo años.

Lo vemos cada día en las redes sociales. ¿Crees que está concienciada la sociedad española? ¿Conoces alguna iniciativa que desarrolle una contranarrativa?

No soy optimista. En otras discriminaciones veo más activismo pero, respecto al edadismo, que todos en algún momento vamos a sufrir, no tanto. Debemos reclamar más estudios, más literatura y más personas que lo denuncien, independientemente de la edad que tengan. Es un problema de toda la sociedad.

Parece como si las personas tuviéramos fecha de caducidad, ¿cómo podemos combatir y, lo más importante, prevenir esta forma de discriminación que puede generar exclusión, baja autoestima, mala salud…?

Dar a conocer la discriminación y sus variadas consecuencias es la base para generar conciencia y activismo, pero te lanzo otra pregunta: ¿ves al colectivo de las personas mayores implicadas en esta lucha con tanta fuerza como lo hacen con el tema de las pensiones?

Si aumenta el activismo, ¿crees que la siguiente revolución social será la de las personas mayores?

Por supuesto, el feminismo priorizó otras conquistas y ahora que sus activistas son mayores, sienten que la vejez no puede ser considerada como un castigo o un demérito. Ahora bien, las generaciones más jóvenes, independientemente del género, también tenemos que decir: ¡basta ya!

Desde las instituciones se previene y se combate la discriminación en otros ámbitos, pero no vemos políticas o campañas que aborden la discriminación por edad. ¿Qué se podría hacer y no se está haciendo?

Desde la comunicación o la publicidad y la educación se puede conseguir todo. Sólo veo pequeñas acciones que son el inicio de una revolución que está por llegar y que me tendrá alerta mientras viva.

Respecto a la industria antiaging, en los últimos meses hemos visto campañas de publicidad que quieren romper estereotipos sobre las mujeres con canas. ¿Es una mera estrategia de marketing o crees que puede suponer un punto de inflexión?

Si bien mis compañeros de la gerontología han sido críticos, yo celebro esta campaña porque utiliza un pensamiento muy común e invita al debate. Bien es cierto que yo prefiero optar por la diversidad en todos los ámbitos, es decir, que cada cual decida cómo se siente mejor, con canas, con implantes de pelo o con el pelo violeta.

El edadismo se manifiesta en el ámbito laboral, lo que resulta muy preocupante en una sociedad cada vez más envejecida. ¿Por qué no se valora la experiencia que pueden aportar estas personas? ¿Cuáles serían los prejuicios o falsos mitos que frenan su contratación?

Prejuicios como que son personas menos diestras con las nuevas tecnologías, que suponen más coste que beneficio, que viven en el pasado, que son más rígidas y conservadoras… ¿Quién va a querer a personas así en sus empresas? Son demasiados los prejuicios negativos asociados.

¿Crees que medidas como la del CV ciego pueden paliarlo? 

Puede que lo sea, yo prefiero creer en un modelo en el que ningún dato personal tuviera que ser omitido. De todos modos, la edad no tiene por qué ser un valor en sí mismo.

En tu obra ‘El microedadismo lo vamos a jubilar’,  hablas tanto de micromachismos como de microedadismos en el concepto de una nueva sociedad. ¿Qué vamos a encontrar en esta guía?

Lo que pretendí crear fue una herramienta de trabajo para profesionales que estén interesados en combatir el edadismo con argumentos y ejercicios prácticos. Podría ser útil para los profesionales de la docencia.

Estudias los efectos del edadismo en la publicidad y en los medios de comunicación, ¿cómo se manifiesta? ¿Qué te ha parecido la campaña ‘Madrid con los años’ o la ‘Nuestro mayor orgullo’?

La publicidad y los medios de comunicación utilizan aquellos tópicos que la sociedad ha interiorizado como reales. Necesitan comunicar mucho en poco tiempo. Es necesario insistir en que las personas mayores conforman un “colectivo” muy heterogéneo y no todas son abuelas, están enfermas, reciben una pensión, son españolas, heterosexuales o cristianas.

Respecto a la campaña de 2018 ‘Madrid con los años’, no me pareció adecuada la elección de la imagen de una mujer usando una cámara del siglo pasado. Esta mujer, que es real y la podríamos reconocer en nuestro entorno, usa su smartphone para hacer fotos y, además, las comparte en Facebook o Whatsapp. Es un claro ejemplo de microedadismo, difícil de detectar incluso entre aquellas personas más sensibilizadas con la causa, porque así me lo han hecho saber muchas veces: “Ay, no me había dado cuenta. ¡Es verdad!”. Espero que la retiren, aunque este año la he vuelto a ver en marquesinas.

Respecto a la segunda campaña, la del Orgullo, todo lo que sea una apuesta por comunicar la diversidad en la vejez es más que bienvenida.

¿Y en el ámbito residencial? ¿Y en la salud? Muchas veces se trata a las personas mayores como si tuvieran mermadas sus capacidades, se dice ‘ay, está malita’, con un lenguaje infantil…

El entorno profesional no se libra de la ‘cultura edadista’. Reproducen los mismos prejuicios que el resto de la sociedad. Se infantiliza y ningunea a las personas mayores…

Frente a tantos tópicos, la realidad es que las personas mayores son cada vez más activas…

Como te decía, las personas mayores son un mundo en sí mismo, como lo seremos nosotros tarde o temprano, si tenemos la suerte de llegar.

Desde mi humilde punto de vista, necesitan cariño, atención y seguridad. Nada diferente al resto de personas.

¿Crees que existe un déficit de protección frente a la intolerancia en estos casos? ¿Abogas por incluir el edadismo como agravante?

No soy jurista, pero entiendo que la edad o la vejez, si fuesen causa del delito, deberían castigarse igual que ocurre cuando el odio viene por el color de piel, el género, la condición sexual o la confesión religiosa, aunque entiendo que será algo difícil de demostrar.

“Si estas discriminaciones se basaran en el sexo, género o etnia las encontraríamos inaceptables, entonces ¿por qué se permiten por razón de edad?”, planteó en 2018 la campaña mundial contra la discriminación por edad. 

Hemos naturalizado la discriminación edadista como ninguna otra. ¿Por qué?

Sí nos (pre)ocupamos de este sector de población desde el punto de vista económico, con la silver economy, que mueve al año unos 3,7 billones de euros. ¿Qué se está haciendo y cómo crees que debería enfocarse?

Las empresas han encontrado a un colectivo con capacidad económica y criterio propio a los que vender sus productos y servicios. Deberán conocer su heterogeneidad y sus hábitos de consumo, que nada tienen que ver con las personas mayores de hace una década.

Últimamente se vincula mucho el concepto de soledad y personas mayores y en Reino Unido han llegado a crear incluso un ministerio, ¿crees que existe realmente esta epidemia? 

No soy un experto en la materia, pero la soledad es transgeneracional y asociarlo exclusivamente a la vejez me parece que perpetua un mito que no es cierto. En mi entorno, que es muy amplio y diverso, las mujeres mayores tienen una redes de apoyo y cuidados que me causan envidia. Los hombres deberíamos aprender de ellas.

¿Sufren las personas de edad avanzada y con algún grado de discapacidad más discriminación?

Claro que sí, todas aquellas condiciones que sean consideradas como de minorías suman prejuicios y restan derechos.

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No hablamos de nada nuevo. Ya en 1979, la escritora norteamericana Susan Sontag denunciaba en un artículo (“The double standard of aging”) el doble rasero con que se mide el envejecimiento: mientras los hombres maduran, las mujeres envejecen. Para Sontag, el envejecimiento es el destino del hombre, algo inevitable en el ser humano. En cambio, para una mujer no es sólo su destino, es también su vulnerabilidad.

Casi tres décadas más tarde, en 2008, Rush Limbaugh esgrimía desde su programa de radio, seguido por 14,5 millones de oyentes, este peculiar argumento para no elegir nunca a Hillary Clinton como presidenta de Estados Unidos: “¿Pero de verdad a alguien le apetece ver, cada día, envejecer en directo a una mujer?”.

Como subraya Francisco Olavarría, ¿por qué naturalizamos y aceptamos este tipo de discriminación?

Fuente:Mujeres en igualdad

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