La nueva demografía de la mortalidad

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Por Dr. George W. Leeson, Oxford Institute of Population Ageing (OIPA)

En Europa, el envejecimiento de la población continúa y trae consigo números crecientes de centenarios y supercentenarios, así como la nueva demografía de la mortalidad. A mediados del siglo XIX, los habitantes de Europa eran jóvenes y de vida corta con altos niveles de mortalidad infantil. Más de la mitad de los casi 370 000 fallecimientos en Inglaterra y Gales en 1850 hubiera ocurrido entre personas de menos de 60 años de edad. A principios del siglo XXI, los mismos habitantes han envejecido y viven más años, y casi 90% de los fallecimientos en Inglaterra y Gales ahora se presentan entre personas de más de 60 años de edad.

Desde luego, el número absoluto de fallecimientos como medida demográfica no es una medida útil, pero en este contexto estamos considerando la mortalidad en términos absolutos simples para revelar la composición cambiante de la nueva demografía de la mortalidad que sustenta la historia de la mejora en la supervivencia, que forma parte del envejecimiento de la población. A mediados del siglo XIX, el número absoluto de fallecimientos al año en Inglaterra y Gales aumentaba de cerca de 350 000 a cerca de 600 000 para finales del mismo siglo XIX. El número alcanzó su nivel máximo en 1918, en poco más de 610 000, después del cual los fallecimientos en términos absolutos bajaron a alrededor de 440 000.

Un elemento de los drásticos cambios en el desarrollo estructural de la muerte y la nueva demografía de la mortalidad fue la reducción de la mortalidad infantil en Inglaterra y Gales a lo largo del siglo XX. A principios del siglo XX, la mortalidad infantil subió para alcanzar 154 fallecimientos de niños menores de un año por cada 1 000 nacidos vivos. La tasa se había reducido a la mitad aproximadamente cada 25 años, excepto en el periodo entre 1975 y 1990, cuando el tiempo que tomaba la reducción a la mitad disminuyó a cerca de 15 años, para después volver a ubicarse en el ritmo de reducción a la mitad cada 25 años, finalizando en solo 4.4 fallecimientos de menores de un año por cada 1 000 nacidos vivos en 2011.

La disminución de la mortalidad entre los pobladores más ancianos ha sido asombrosa. Durante 170 años la esperanza de vida en la edad avanzada ha aumentado poco más de siete años en los hombres y casi nueve años en las mujeres; esto representa un gran logro tomando en cuenta la convicción que antes prevalecía de que la mortalidad en las edades avanzadas era irremediable.

A menudo se identifica al envejecimiento de la población con un número y una proporción crecientes de personas mayores débiles y dependientes que se convierten en una carga cada vez mayor para la sociedad y la familia. Los números en sí alertan respecto a la necesidad de que las sociedades cambien junto con la cambiante demografía. Una consecuencia del cambio en los números es la nueva demografía de la mortalidad. La mortalidad en edad avanzada se va retrasando y, si bien es aún difícil predecir el futuro, parece haber mucha evidencia de que la vida de las personas en todo el mundo seguirá alargándose por bastante tiempo. Se predice que para principios del siguiente siglo, la esperanza de vida al nacer en Inglaterra y Gales será de 93 años para los hombres y de 95.6 años para las mujeres, en tanto que a los 65 años de edad, se prevé que la esperanza de vida sea de 29.9 años para los hombres y de 31.1 años para las mujeres.

El número de personas de 100 años y más en Inglaterra y Gales aumentó de menos de 200 en 1922 a 570 en 1961. Hacia 1981, el número había ascendido a 2 418 y a 12 318 en 2012; para la mitad del siglo se espera que el número se acercará a 300 000 y a más de 1 millón para 2100.

Todo ello señala que la gente vive más y los más longevos también viven más ahora.

Entonces, ¿qué sucederá en el futuro y con la nueva demografía de la mortalidad?

El desarrollo de esta nueva demografía de la mortalidad durante el periodo de 200 años transcurrido de mediados del siglo XIX a mediados del siglo XXI es impactante. El número total de fallecimientos en Inglaterra y Gales se incrementará de 342 760 en 1838 —cuando 50% de una cohorte moría antes de los 45 años de edad— a casi el doble, 666 253, en 2050, cuando 50% de una cohorte sobrevivirá los 90 años de edad.

El punto más interesante es la estructura de esta nueva demografía de la mortalidad. Desde 1959, en las estadísticas de fallecimientos han predominado los de personas de 60 años de edad y más, y este predominio ha aumentado, y seguirá aumentando, por lo menos hasta mediados de este siglo. En 1959, 78% de las muertes correspondía a personas de 60 años de edad y más. La cifra se elevó a 88% para 2009 y se predice que en 2050 llegará a 94%. Y, en consonancia con el envejecimiento de la población de Inglaterra y Gales, la proporción de las más de 60 muertes de personas de 80 años de edad y más también se incrementó y sigue aumentando de 34% en 1959 a 60% en 2009 y 78% en 2050.

Aunque, en todos los aspectos lo anterior es consecuencia natural del desarrollo demográfico en curso en Inglaterra y Gales, así como de otras economías desarrolladas similares, prevalece el cuestionamiento: ¿estamos preparados, como individuos, familias, comunidades y sociedades, para esta nueva demografía de la mortalidad, su dimensión y su estructura?

El envejecimiento de las poblaciones europeas a finales del siglo XX fue una sorpresa en términos demográficos, debida a una combinación de la resistencia demográfica a descartar la idea de que hay un límite para la longevidad humana y la disminución progresiva de la mortalidad en la edad madura y en la edad avanzada, a medida que la prevención y el tratamiento de, por ejemplo, los infartos, mejoraron. La experiencia demuestra que hemos empujado la vejez hacia los 80 años de edad y más. El futuro podría ser también una sorpresa demográfica igual si ignoramos la evidencia de la nueva demografía de la mortalidad, que también sugiere que la vida de más y más personas continuará prolongándose y que los centenarios y supercentenarios representarían un número y un porcentaje crecientes de nuestra población.

La nueva demografía de la mortalidad es también un desafío propio del siglo XXI para las economías emergentes del mundo, donde la esperanza de vida sigue en aumento. Sin embargo, estas economías enfrentan el reto adicional de la velocidad de sus transiciones en fecundidad, que en muchos casos ocurren en una o cuando mucho en dos generaciones.

¿Cómo podríamos o deberíamos comenzar a prepararnos para esta nueva demografía de la mortalidad? Como es obvio, esta representa un desafío para los antiguos conceptos de la vejez y la jubilación; incluso podríamos cuestionarnos si la jubilación a los 75 años de edad es sostenible. La dinámica familiar se verá amenazada por la supervivencia de generaciones de edad muy avanzada que retrasará la sucesión intergeneracional y dependerá de que familias más pequeñas apoyen a los frágiles y supeditados ancianos.

La perspectiva adicional y desconcertante de la disminución del tamaño de la población plantea diferentes problemas a medida que la fuerza de trabajo se reduce. Esto podría generar debates sobre políticas públicas relacionados con una inmigración controlada de trabajadores, tal vez, que compense la disminución de la fuerza laboral local.

Sin embargo, oculta en esta nueva demografía de la mortalidad se encuentra una exitosa historia de supervivencia. No nos desanimemos por ello, pero sí empecemos a analizar qué significa.

Enlaces útiles Artículo original: Leeson, G.W. (2015), “The new demography of death”, OECD Insights blog, http://wp.me/p2v6oD-20N.

Saito, K. (2014), “Solving the super-ageing”, OECD Forum 2014, OECD, París, www

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