Los fundamentos de un nuevo lenguaje gerontológico.

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Luigui Vidal Rivas
12-06-2019
Muchas personas cuestionan el hecho de que ya no se les llame ancianos o viejos, a las personas mayores, y dicen que decirles adultos mayores, por ejemplo, es un eufemismo.
Muchos o tal vez, la mayoría de gente de prensa, no utiliza el moderno lenguaje gerontológico, siguen hablando de ancianos, octogenarios, pese a las asambleas internacionales del envejecimiento, donde este apelativo y otros han quedado descartados.
Hay tal vez un poco de la rebeldía del periodista que ve en este nuevo lenguaje, un lenguaje oficial y se sienten con el derecho de nombrar a las personas mayores, tal como les parezca.
No solo sucede con periodistas, peor aún con las personas que trabajan con personas mayores, y que no tienen visión ni cultura gerontológica, les falta la formación en ese sentido.
Creen que no es necesario cambiar los términos, o las palabras, pero ignoran que este cambio tiene fundamentos sólidos, está plenamente justificado.
El desarrollo histórico de la sociedad, va creando cambios y nuevos roles, en los distintos actores sociales, se va creando una nueva realidad, donde las personas mayores, cobran nuevo protagonismo, asumen un rol más activo con grandes oportunidades de crecimiento personal y mejores posibilidades de ejercer plenamente su ciudadanía y sus derechos.
El término anciano, fue asociado a un rol pasivo en la sociedad, de la persona “vieja”, que da consejos, pero ya descansa y lleva una vida “tranquila”.
Este cambio sustancial trae consigo la necesidad de desligarse de un viejo lenguaje, y formar uno nuevo frente a una nueva realidad y es lo que ocurre hoy.
Recuerdo a un expositor médico, indicar que en Inglaterra se les llamaba “old old” a una persona mayor de 80 años, más allá de ser cierta esta afirmación, está comprobado que no existe perfecta equivalencia en palabras que se traducen a otro idioma, mal haríamos en decir “viejo viejo” a una persona mayor de 80 años.
Las traducciones no dan perfecta equivalencia entre las palabras, tienen otra connotación al traducirse, incluso la sonoridad establece grandes diferencias.
Un ejemplo perfecto se encuentra en un poema de Edgard Allan Poe, donde la palabra breve, ligera y musical bells se convierte en español a la pesada palabra campana.
Por eso es muy cuestionable, que digamos que los griegos y los hebreos hayan utilizado la palabra anciano, que culturas tan diferentes se hayan expresado de la misma forma.
Podemos traducir persona mayor o traducir Consejo de personas mayores, a los que suelen llamarse consejo de ancianos, de acuerdo a esta lógica.
Hay que mencionar que algunas personas profesionales, durante sus conferencias, varían en su discurso términos actuales y otros desfasados en la misma conferencia, y algunos hacen un discurso cuando están personas mayores presentes y otro cuando ellos no están.
Lo que se trata es de incorporar y asimilar este nuevo lenguaje, como propio y el moderno lenguaje gerontológico, debe estar con nosotros siempre, en todo momento, ello debe ser considerado como parte de las competencias profesionales, que nunca deben faltar.

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