Maltrato en residencias: cómo reconocerlo

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Sandra Pàmies
Psicóloga y Gerontóloga Social

El maltrato en residencias de personas mayores es desgraciadamente frecuente en España. Según la OMS Organización Mundial de la Salud, alrededor del 33% de las personas mayores que viven en un centro residencial geriátrico ha sufrido malos tratos.

En este artículo, abordamos las situaciones de maltrato en dichos centros, identificando tipologías, responsabilidades y formas de actuación.

  • Maltrato físico: utilizar la fuerza física ocasiona dolores, heridas o lesiones corporales (restricciones como las contenciones o confinamientos no apropiados en la cama, la silla, etc.) y también el uso inapropiado de fármacos.
  • Maltrato psicológico: infligir ansiedad, pena o estrés a través de actos o palabras; agresiones verbales repetidas como amenazas, intimidaciones o interacciones que denigran a la persona, aislamiento de los/as compañeros/as, infantilización.
  • Maltrato sexual: basados en contactos sexuales no consentidos.
  • Financiero: uso ilegal o indebido de la economía de la víctima.
  • Negligencia: acto de omisión intencional o no intencional, falta de cumplimiento con las necesidades vitales.
  • Vulneración de los derechos: no reconocimiento de los derechos fundamentales como la dignidad, el respeto, etc.
  • Abandono: deserción de la persona que tiene cuidado de la persona mayor en la residencia, que le desampara voluntariamente.

Los tres maltratos en residencias más frecuentes

De entre las diferentes situaciones de maltrato, podemos identificar tres que suelen darse con mayor frecuencia en los centros residenciales. Éstas son:

1) Contenciones mecánicas (CCMM).

Tal como dice Márquez (2017), fisioterapeuta experta en Gerontología, “para evitar o restringir el uso de las CCMM en el ámbito institucional es necesario disponer de los recursos necesarios. Existen cuatro pilares básicos a tener en cuenta: promoción de actividades preventivas, cuidadoras y medidas de seguridad para evitar caídas; utilización de técnicas de modificación de la conducta y de contención verbal en personas inquietas, agitadas o agresivas; formación y sensibilización de los profesionales; por último, trabajo en equipo’’.

¿Qué constituye el maltrato en residencias?

El maltrato en residencias implica el maltrato por negligencia física o psicológica, sexual, financiera, por vulneración de los derechos y abandono.

Tipos de maltrato en residencias

2) Intimidaciones o infantilización.

Considerando que la infantilización es un tipo de intimidación y alineado con el edadismo, es uno de los tipos de maltratos en personas mayores más frecuentes en residencias.

3) Entre trabajadores/as y/o intrusismo laboral.

Sabemos que en las residencias actualmente en España disponemos de recursos mínimos para atender a las personas mayores, incluyendo el personal.

Pese a que debemos ver la parte positiva y considerar que hoy en día el servicio es mucho más digno que en épocas precedentes, la realidad es que seguimos teniendo muchas personas que atender y no llegamos a tener tiempo para ofrecer un servicio totalmente íntegro bajo el modelo internacional de la Atención Integral y Centrada en la Persona. Esto provoca que a menudo existan conflictos entre trabajadores/as―sobre todo entre los mismos equipos TCAE (Técnicos/as en Cuidados Auxiliares de Enfermería) pues el equipo de soporte (Psicología, Enfermería, Terapia Ocupacional, etc.) generalmente no tiene tiempo de dar un soporte íntegro―, herramientas de actuación y escucha activa al equipo TCAE.

Dicho “intrusismo laboral” puede dar lugar a servicios inadecuados a las personas mayores.

Identificación del maltrato: ¿cómo y quién lo identifica?

Los centros residenciales de personas mayores cuentan generalmente con diversos profesionales en diferentes áreas: equipo TCAE, trabajo social, psicología, enfermería y terapia ocupacional. Estos profesionales son los responsables de identificar situaciones de maltrato, si bien en ocasiones, la misma Dirección General del centro puede reconocer dichas situaciones.

Gracias a una formación que toda residencia debe impartir anualmente, los profesionales anteriormente mencionados identifican las situaciones de maltrato en el día a día. Es más, bajo una formación continuada en Buenas Prácticas, tanto el equipo de contacto directo con las personas mayores así como el equipo que generalmente se encuentra en despachos pueden reconocer e identificar fácilmente situaciones de maltrato y actuar de manera rápida y eficiente.

De la desinformación al maltrato

A menudo, si no se conoce la etiología de las enfermedades neurocognitivas (‘neurodegenerativas’ y/o ‘neuropsiquiátricas’) y la sintomatología adversa de algunos psicofármacos, es complicado saber qué hacer en situaciones que podrían evocar en maltrato.

¿Qué es la desinformación y cómo afecta?

La desinformación es la falta de información respecto a las manifestaciones comportamentales de una enfermedad neurocognitiva vinculada al envejecimiento.

Como varías veces ha expuesta la experta Ana Urrutia, a menudo se utilizan sujeciones (contenciones mecánicas) por falta de información, por falta de herramientas y conocimientos.

Así mismo, la desinformación no provoca solamente la utilización de contenciones con las personas mayores sino también la inadecuada praxis verbal y actitudinal en general, siendo pues fuente de maltrato.

Negligencias del equipo y de Dirección: ¿de quién es la culpa?

No es legítimo abogar por la culpa, pues es una actuación que sólo invita al conflicto no-resolutivo. Como comentamos anteriormente, es imprescindible la formación y el trabajo en equipo para evitar dichas negligencias.

De hecho, el maltrato en residencias como el maltrato en casa puede prevenirse y directamente evitarse con entidades de soporte como son Dignetik, ACRA o con empresas como AID Atención Integral a la Dependencia.

Si no utilizamos “culpa” ¿dónde recae la responsabilidad del maltrato en residencias?

A menudo la culpa nos sirve para no responsabilizarnos. Pues bien, en el momento en el que nadie se responsabiliza cometemos negligencias corporativas. Si no culpamos a nadie, la responsabilidad recae sobre el representante legal de la residencia geriátrica. Será la familia quien recurrirá en la búsqueda de una solución y será entonces cuando se requiera una gestión judicial.

Es imprescindible detectar a tiempo una situación de maltrato y resolverlo rápidamente desde la empatía, el compañerismo y las buenas prácticas continuadas, fomentando paralelamente la prevención con el soporte de profesionales expertos en gerontología y geriatría.

Fuente:Los Argonautas

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