“No te olvides de mí…”

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Por Jorge Alania Vera

Cuando Pamela Ellingsen le compró a su padre un pasaje aéreo sólo de ida a Denver, Colorado, desde Forte Myers, Florida, éste, de 80 años y enfermo de Alzheimer, apenas si le susurró al oído: no te olvides de mí.

Pero Pamela se olvidó. Según el informe del noticiero 9News, un supervisor de la United Airlines encontró al hombre deambulando en el aeropuerto solo con su perro, desorientado y confundido. El personal de la aerolínea –de acuerdo al informe– se comunicó con la hija, tras comprobar que había sido ella quien compró el boleto que el adulto mayor llevaba en su mano.  Según el parte policial, ella no quiso buscarlo y pidió, además, que no volvieran a llamarla. De las conversaciones se dedujo que la hija le había comprado el pasaje solo de ida para que su ex esposa en Denver se hiciera cargo de él. Pero ella, como antes la hija, se negó y la policía no tuvo más remedio que trasladar a Jerry  Ellingsen al hospital más cercano.

La vejez –ése es su nombre– llega como el otoño en cada vida. Al igual que las hojas de los árboles que se caen, así, se van desprendiendo de las personas facultades y destrezas y un evidente deterioro se hace carne de esas carnes y mente de esas mentes, constituyendo, en algunos casos, una patología denominada Alzheimer que es un tipo de demencia que afecta, además, el pensamiento y el comportamiento.

María, de Menorca, España, acaba de mostrar en un video, que ha tenido más de un millón de reproducciones, cómo su abuela, diagnosticada de Alzhemier como el padre de Pamela, en sus momentos de plena lucidez le toca lentamente todas las facciones de la cara y cuando acaba le dice: “es que no quiero olvidarte”.

Ireneo Funes, el personaje de Borges, tenía una memoria tan nítida y prodigiosa que para describir un día cualquiera de sus recuerdos, necesitaba otro día entero pues éstos eran tan ricos que estaban asociados a sensaciones y a todo tipo de detalles. El Alzheimer no es la otra cara de la moneda, sino la moneda misma gastada sin remedio tras circular y circular por muchísimas manos y caminos.

“La  muerte no llega con la vejez, sino con el olvido”, ha escrito García  Márquez. E Isabel Allende ha anotado: “La muerte no existe; si puedes recordarme, siempre estaré contigo”. Y Mark Twain, por su parte, dijo conmovedoramente: “Cuando era joven podía recordarlo todo, aunque no hubiese ocurrido; pero ahora estoy perdiendo facultades y dentro de poco ya no voy a poder recordar nada, salvo las cosas que nunca han pasado”.

El anciano Jerry  Ellingsen  únicamente puede recordar lo que nunca ha pasado. Solo, en la soledad más absoluta, va desapareciendo lenta y penosamente de este mundo. Nadie lo extrañará, salvo su perro que, a diferencia de nosotros, tiene memoria pero no olvido.

Fuente: Expreso

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