¿Quién quiere a un viejo en televisión?

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Por Mikel Labastida

En el interesante libro ‘La vejez desconocida’ se explican algunas claves que ayudan a entender el tratamiento de los personas mayores y de la vejez en general en las series de televisión. “La vejez se expresa como una ausencia de juventud; se tiende a estudiarla sólo en términos de pérdidas, no subrayando los aspectos positivos ni enfocándola como una vejez productiva”, señala el ensayo.

¿Quién quiere a un viejo en televisión? Nadie, si es que nos guiamos por lo que observamos de ellos en la pequeña pantalla. Porque muchos programas y series se han empeñado en realizar una proyección de las personas con más edad como poco interesantes, pasadas de moda y sin nada que aportar. Todos somos mayores, todos vamos caminos de serlo, pero la tele suele obviarlo. “En los medios de comunicación se muestran pocas imágenes positivas. Los anunciantes y trabajadores del marketing se centran en la franja joven y eso repercute en películas, series de televisión o publicidad”, indica el estudio. La tendencia es a pensar que al público más joven, que suele ser el que reclaman los anunciantes -el target comercial-, no le despiertan interés las historias protagonizadas por personajes adultos. Y por ello se les adjudican papeles secundarios o clichés.

Otra tendencia de las series –sobre todo las españolas- es la de infantilizar las tramas adultas. En lugar de abordar los problemas e inquietudes propias de personas de más de 50 años (por fijar una barrera de edad) se les escriben guiones más propios de roles jóvenes. Así en lugar de apostar por temas como los retos laborales, los miedos o los cambios físicos que se producen en la vejez, lo habitual es que los adultos de las series terminen implicados en amoríos alocados y en situaciones absurdas originadas por malosentendidos. De esa manera se considera que al menos los espectadores de cualquier edad se sentirán identificados. Porque hay otra tendencia, la de creer que solo consumimos títulos que hablen de nosotros y de lo que nos rodean.

Esto no es algo nuevo. Ni solo propio de la televisión, ni mucho menos. Por ejemplo, en la gran pantalla el éxito de ‘¿Qué fue de Baby Jane?’ sorprendió a casi todo el mundo porque nadie confiaba en que un relato en torno a dos mujeres mayores llamaría la atención de toda clase de espectadores. Y fue así. Bette Davis y Joan Crawford experimentaron un insólito éxito gracias a aquel título. Esta historia ha sido recordada en los últimos meses gracias al estreno de la serie ‘Feud’, que fija su mirada en estas actrices, en su enemistad y en los años finales de su carrera. Y en algo más: en la forma en que la sociedad y los responsables de los estudios cinematográficos tratan a sus estrellas cuando estas cumplen años. Dejan de llamarlas, las desprecian o las encorsetan en papeles sin ningún tipo de relevancia.

Luego existe un problema añadido, que también se puede observar muy bien en esta producción, y es que si eres mayor y mujer todavía resulta más complicado recibir atención y buenos papeles. “Se asocia juventud y belleza, lo que mueve a decir que ‘los hombres maduran y las mujeres se hacen viejas’. Se estudia el proceso desde una visión muy masculina, con la consiguiente doble discriminación para las mujeres de edad y sexo”, apuntan en el libro ‘La vejez desconocida’. ‘Feud’ da la razón a esta máxima. En la serie

comprobamos cómo los directivos y otros satélites alrededor tratan de malmeter entre las dos protagonistas para conseguir que se peleen y se echen los platos a la cabeza, dando por sentado que dos mujeres adultas solo puede relacionarse entre ellas librando peleas de gatas y no es posible que mantengan una relación cordial.

Susan Sarandon y Jessica Lange, dos actrices mayores, han podido gracias a esta producción encontrarse con unos papeles atractivos, que abordan problemas de la edad y que sirven para analizar el modo en que la sociedad arrincona según se cumplen años. La serie, pese a centrarse en dos personajes adultos, puede atraer a cualquier público. No es común esta característica. Los mayores en las series suelen ser los padres de los protagonistas o servir para escenas de relleno. Hay excepciones, sí, pero por regla general el foco se pone en intérpretes más jóvenes. Y si no sólo debemos recordar los elencos protagonistas de títulos como ‘Perdidos’ o incluso ‘Juego de Tronos’.

Cuesta mucho encontrar a personajes mayores de largo recorrido. Pero haberlos haylos. Ahí está por ejemplo Ruth Fisher, la fantástica madre de ‘A dos metros bajo tierra’ que además de ser madre tenía unas cuantas caras más. La serie exploraba su sexualidad, su relación con sus amigas y la aceptación de sí misma con toda una vida detrás. La producción, lejos de plantear la vejez como el cénit de una trayectoria vital la dibuja como una época con situaciones complejas pero en la que todavía pueden suceder multitud de cosas y algunas por primera vez (con experimentar con las drogas o lanzarse a asuntos amorosos). La vejez como una etapa de oportunidades, en la que uno ya se ha afrentado a todos sus miedos y está más dispuesto que nunca a asumir riesgos. Esa es otra visión interesante, pero que no es frecuente que la pantalla la aborde. O nunca como se ha hecho en ‘Transparent’. Qué magnífica excepción es este título protagonizado por Jeffrey Tambor.

‘Transparent’ apuesta porque nunca es tarde y narra la historia de un hombre maduro que una vez se jubila decide a sí mismo como mujer, algo que hasta ese momento no se ha atrevido a hacer y que está dispuesto a llevar a cabo, pese a los prejuicios de la sociedad y la sorpresa de sus tres hijos. Pocos actores avanzados de edad se han topado con papeles tan estimulantes como el que ofrece Morton/Maura. Y pocos pueden atrapar más al espectador. No se trata de la edad, sino de la trama. ‘Transparente’ lo demuestra.

ABC acaba de estrenar ‘The Good Fight’ y uno de los aspectos que llama la atención es que la protagonista es una mujer de edad avanzada que debe reinventarse en el ámbito laboral. Diane Lockhart sigue siendo competente, eficaz y ejemplo para otras compañeras. Los guionistas no la han dibujado como alguien que agota sus últimos cartuchos sino como una profesional que cuenta con experiencia y le queda un largo recorrido. La experiencia (y la dependencia del trabajo porque no saben qué hacer en otros aspectos de su vida son características recurrentes en algunas tramas, como se puede ver en personajes de ‘The Missing’ o ‘Homeland’).

La arruga es bella, pero por lo visto no queda bien en pantalla. Para encontrar títulos únicamente protagonizados por actores mayores debemos echar la vista atrás hasta ‘Las chicas de oro’, que se centraba en cuatro mujeres que adultas deciden compartir casa juntas. Un raro ejemplo en la actualidad es ‘Grace & Frankie’, que trata sobre dos mujeres con una edad cuyos maridos les confiesan que son homosexuales y que desean iniciar una relación entre ellos. Las dos han de asumir este escenario, el cual les obliga a reinventarse en la vida.

Negar la vejez es como negarse a uno mismo, puesto que esta es una etapa por la que todos hemos de pasar. ¿Por qué se obvia? Porque se da por hecho que es un momento en la vida al que nadie quiere llegar y hay responsables de televisión que abogan por no exponer a nadie a sus mayores temores. Por eso vemos tantas abuelas divertidas y abuelos entrañables, porque son dos imágenes de la vejez que no amargan a nadie, con las que casi todo el mundo está conciliado y que no espantan. Pero no se suele ir más allá. Esos abuelos no se excitan ante nada, esos abuelos no desean, esos abuelos no sueñan, esos abuelos no son capaces de sorprender.

La marginación de todo lo que tenga que ver con envejecer es uno de los retos de esta sociedad. La televisión puede sentarse a esperar que esto ocurra o ir adelantándose y planteando títulos que demuestren otras caras de la vejez, menos explotadas. Es un reto. 

Fuente:Las Provincias

http://blogs.lasprovincias.es/elsindromededarrin/2017/05/14/quien-quiere-a-un-viejo-en-television/.

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